Para lo que estés haciendo. Dale al play. Lee e imagina por un momento esta situación:
Le acababan de echar del curro de sus sueños. La novia a la que tanto quería había decidido que no seguiría con él por ser un fracasado. Su pez se había muerto. Y su mejor amigo estaba en la otra punta del planeta, sin poder ir a socorrerle.
Se paró en medio d ela avenida que cruzaba y miró a su alrededor. A dos metros de él, un hombre con un traje italiano y zapatos elegantes pasaba hablando por el móvil de última generación, riendo. En la acera de enfrente, el vagabundo Tomás, con el que había hablado algunas veces de camino a casa. Y él en medio. Pensó que el mundo era una mierda, que algunos se creían mejores por haber tenido más suerte, que todo estaba descompensado. Se estaba viendo a sí mismo como una persona relegada del mundo, enuna esquina del planeta. Pensó que si La Tierra fuera totalmente esférica podría ser él el centro, él y todos. todos iguales. Pensó que si tenía esa forma achatada era porque alguien, en un pasado muy anterior, había sido más ambicioso que el resto y se había puesto a saltar para pder desplazarse luego y ser él, y no otro, el que estuviera en todo el medio.
Y ahí, parado en medio de la calle, vio la solución: empezó a saltar también, dando fuertes golpes con las plantas de los pies en el suelo. Un salto. Otro más. Y otro. Otro. Otro. Otro. Otro. Otro. Otro. Otro. Otro... Hasta que cayó rendido en el suelo, con la lengua fuera y en estado catatónico, mirando el cielo que se pintaba de un luminoso azul marino a esas horas de la tarde.
Una sonrisa se dibujó en la cara. Era un gilipollas. Cerró los ojos con fuerza. Empezó a reir y ya no pudo parar. Tirado en el suelo, riendo sin razón, después de haber intentado solucionar la falta de equilibrio del mundo. Tomás se acercó a él, le tendió una mano, preocupado por su amigo, y al contacto con ese cuerpo contagiado de risa, él también estalló en una carcajada. La gente se apartaba de su lado cuando pasaban. Pero si, por accidente, tocaban a alguno de los dos, empezaba a reir también, parándose sin ser capaz de recordar adónde iba.
Dos horas después, eran 15 personas las que estaban paradas sin poder parar. Olvidando sus preocupaciones por un instante. Sin agobios. Sólo risas que se fueron extinguiendo lentamente.
Aquella noche, el chico llegó a su casa con una sonrisa de oreja a oreja. Su vida estaba patas arriba y no sabía cómo colocarla al derecho d enuevo. Pero por 2 horas y cuarenta y cinco minutos, el equilibrio había estado presente. todo había sido maravilloso. ahora sabía que no tenía que lamentarse, si no que se esforzaría en luchar por ponerlo todo como debía estar.
lunes, 27 de abril de 2009
sábado, 11 de abril de 2009
#3: Resaca.
[Bueno, he aquí el tercer capítulo. Sé que dije que actualizaría todas las semanas. La explicación aquí.
d cualquier modo, espero que se disfrute.]
Alex despertó a eso de las dos de la tarde. Le costó más de lo normal saber dónde estaba, y por qué estaba allí. Reconoció su cuarto sumido en la oscuridad, con el ambiente cargado y la ropa de la noche anterior por el suelo.
Intentó hacer memoria, pero un gran dolor de cabeza se lo impedía: su amiga Resaca había vuelto a visitarle sin avisar. No recordaba nada de lo que había sucedido. Lo máximo que llegó a vislumbrar fue el inicio de la tarde, con las chicas, Juanra, Chema y Mónica, tirados en un césped cercano haciendo la fotosíntesis mientras consumían cerveza y risas a partes iguales. Habían ido después a cenar aprovechando las tapas que los bares de la zona ponían con la caña. Y así, de bar en bar, acabaron en algún lugar con música, y luego en otro, y en otro. Alex recordaba haber visto a mucha gente, pero no recordaba sus caras. No recordaba los nombres de los garitos, ni la música que habían puesto, ni las conversaciones que había tenido. tenía muchas lagunas.
Cogió el móvil de la mesilla y se incorporó en la cama, haciendo un último esfuerzo que no resultó fructuoso. Tenía la sensación de haber hecho algo que no debía con alguien que no debía, eso era todo. Buscó en la agenda el número de Ainara y llamó. A la vez que sonaba el primer tono, escuchó la música estridente del móvil de su amiga.
Con el teléfono aún pegado a la oreja, y con gran sorpresa, el chico avanzó por el pasillo hasta llegar al salón de done salía la melodía. Se paró en el umbral de la puerta apoyándose sobre él, y vio a Ainara sentada en el sofá, con el pelo rubio por la cara, buscando el aparato. Lo encontró, lo descolgó y preguntó, con voz de dormida quién era.
-¿Qué haces en mi casa? -contestó Alex.
Ella miró hacia la puerta y vio al chico apartándose el teléfono de la oreja, sonriendo. Hizo lo mismo y saludó con la mano mientras se colocaba el mechón rebelde.
-¡Buenos días!
-Ehm... sí, eso.
El chico no entendía nada, por más que lo intentaba. Se vio a sí mismo despidiendo a Juanra, Lola y Ainara en la esquina que bifurcaba los caminos hacia sus casas. No vivían muy lejos, con dos calles de separación, más o menos. Ahora Ainara estaba en su sofá, y había estado allí toda la noche, por lo que parecía.
-Ai, ¿tú recuerdas algo de lo que pasó anoche?
-¡Todo! -dijo la chica feliz - O casi todo.
Ainara empezó a describirle la noche a partir de que se fueran a cenar. Contó que Chema y Mónica habían decidido marcharse antes de entrar en el primer garito. Pero eso Alex lo recordaba: nunca olvidaba a Mónica cuando estaba demasiado cerca de ella como para que le fuera posible sentir su frialdad y el daño que le hacía clavándole los ojos verdes en los suyos. La chica continuó con su relato, le contó que había sido una noche divertida, que nunca le había visto bailar tanto y ser tan cariñoso; abrazaba a todo el mundo, hablaba de cosas filosóficas, e incluso se le escapó un par de veces algo sobre sus pinturas secretas.
-Al final estabas tan cansado y tan borracho que no sabíamos si llegarías a casa, así que en la esquina me ofrecí para acompañarte. Nos pusimos cómodos y ya no me apeteció bajar.
Él sonrió. Le gustaba saber que velaban por él. Pero no se lo diría. Ya había sido demasiado cariñoso la noche anterior. Alex recordó algo. Sólo un borrón en el que creyó ver una cara bonita y a sí mismo besando esa cara. Miró al infinito, tratando de encontrar allí las palabras adecuadas para preguntar.
-Y.. ehm... ¿no hubo nadie a quien le diera un beso? Me acuerdo de una chica... -hizo un esfuerzo - y de nada más. ¿Sabes qué pasó?
Ainara miró al sueño. Se cogió un mechón de pelo y lo amasó. Alex recordó ese gesto, mezcla de timidez y nerviosismo, y entonces cayó. Cerró os ojos y se dio un golpe en la frente.
-No me digas que... Yo... a ti...
-¡No te preocupes! -le cortó ella - ¡No pasó nada! Una chica intentó ligar contigo. Era muy guapa por cierto. Pero tú le dijiste que estabas con tus amigos y con tu novia. Me cogiste de los hombros y me besaste. Ella se fue y yo te golpeé para que me soltaras.
Alex se rió, orgulloso de su propio ingenio aún en las peores condiciones físicas y mentales. Luego se puso serio y su cara enrojeció. Tardó unos momentos en reaccionar. Se disculpó y pidió perdón por todas las demás tonterías que pudiera haber hecho.
Ella sonrió amable, se levantó y le dio un beso en la mejilla. Era ya casi la hora de la comida, así que se pusieron a hacerla, los dos juntos. Cuando estaban a punto de terminar, llamaron a Juanra y Lola.
-¡Veníos a comer aquí! ¡Tenemos pasta de sobra! -un silencio -No hay excusas. Son 5 minutos. Os damos treinta. - y colgó.
Chema, el compañero de Alex despertó un minuto después de que los platos, el suyo incluido, estuvieran en la mesa. Tal como había dicho Alex, tenía un gran olfato para la comida. Comieron todos juntos, rieron contándole a Chema lo que había pasado la noche anterior el rato que no estuvo. Y, al terminar, los chicos recogieron la mesa, mientras Ainara y Lola se fumaban un cigarro.
Ainara se acercó a Lola y bajó la voz, en tono confidente y dijo, muy apresurada:
-Lola, Alex no sabe que fue él el que me pidió que viniera. Y tampoco sabe de qué hablamos después.
Lola la miró, con una sonrisa compasiva.
-Prefiero que no se acuerde -sentenció.
-Ai, ¿sabes que eso es...?
-... injusto? Sí. Pero es lo mejor, ¿vale?
Su amiga asintió, sin estar convencida del todo. Ainara le dio la última calada al cigarrillo y lo apagó en el cenicero mientras los otros tres entraban por la puerta del salón, riendo. Chema iba contándoles a los chicos su aventura con el taxista, aventura que repitió desde el principio a petición de Alex y juanra para que las chicas también la oyeran. Todos escucharon el relato, riendo de vez en cuando. Todos tranquilos. todos felices y sin preocupaciones. Pero Ainara mantenía entre las manos un mechón de pelo que manoseaba.
d cualquier modo, espero que se disfrute.]
Alex despertó a eso de las dos de la tarde. Le costó más de lo normal saber dónde estaba, y por qué estaba allí. Reconoció su cuarto sumido en la oscuridad, con el ambiente cargado y la ropa de la noche anterior por el suelo.
Intentó hacer memoria, pero un gran dolor de cabeza se lo impedía: su amiga Resaca había vuelto a visitarle sin avisar. No recordaba nada de lo que había sucedido. Lo máximo que llegó a vislumbrar fue el inicio de la tarde, con las chicas, Juanra, Chema y Mónica, tirados en un césped cercano haciendo la fotosíntesis mientras consumían cerveza y risas a partes iguales. Habían ido después a cenar aprovechando las tapas que los bares de la zona ponían con la caña. Y así, de bar en bar, acabaron en algún lugar con música, y luego en otro, y en otro. Alex recordaba haber visto a mucha gente, pero no recordaba sus caras. No recordaba los nombres de los garitos, ni la música que habían puesto, ni las conversaciones que había tenido. tenía muchas lagunas.
Cogió el móvil de la mesilla y se incorporó en la cama, haciendo un último esfuerzo que no resultó fructuoso. Tenía la sensación de haber hecho algo que no debía con alguien que no debía, eso era todo. Buscó en la agenda el número de Ainara y llamó. A la vez que sonaba el primer tono, escuchó la música estridente del móvil de su amiga.
Con el teléfono aún pegado a la oreja, y con gran sorpresa, el chico avanzó por el pasillo hasta llegar al salón de done salía la melodía. Se paró en el umbral de la puerta apoyándose sobre él, y vio a Ainara sentada en el sofá, con el pelo rubio por la cara, buscando el aparato. Lo encontró, lo descolgó y preguntó, con voz de dormida quién era.
-¿Qué haces en mi casa? -contestó Alex.
Ella miró hacia la puerta y vio al chico apartándose el teléfono de la oreja, sonriendo. Hizo lo mismo y saludó con la mano mientras se colocaba el mechón rebelde.
-¡Buenos días!
-Ehm... sí, eso.
El chico no entendía nada, por más que lo intentaba. Se vio a sí mismo despidiendo a Juanra, Lola y Ainara en la esquina que bifurcaba los caminos hacia sus casas. No vivían muy lejos, con dos calles de separación, más o menos. Ahora Ainara estaba en su sofá, y había estado allí toda la noche, por lo que parecía.
-Ai, ¿tú recuerdas algo de lo que pasó anoche?
-¡Todo! -dijo la chica feliz - O casi todo.
Ainara empezó a describirle la noche a partir de que se fueran a cenar. Contó que Chema y Mónica habían decidido marcharse antes de entrar en el primer garito. Pero eso Alex lo recordaba: nunca olvidaba a Mónica cuando estaba demasiado cerca de ella como para que le fuera posible sentir su frialdad y el daño que le hacía clavándole los ojos verdes en los suyos. La chica continuó con su relato, le contó que había sido una noche divertida, que nunca le había visto bailar tanto y ser tan cariñoso; abrazaba a todo el mundo, hablaba de cosas filosóficas, e incluso se le escapó un par de veces algo sobre sus pinturas secretas.
-Al final estabas tan cansado y tan borracho que no sabíamos si llegarías a casa, así que en la esquina me ofrecí para acompañarte. Nos pusimos cómodos y ya no me apeteció bajar.
Él sonrió. Le gustaba saber que velaban por él. Pero no se lo diría. Ya había sido demasiado cariñoso la noche anterior. Alex recordó algo. Sólo un borrón en el que creyó ver una cara bonita y a sí mismo besando esa cara. Miró al infinito, tratando de encontrar allí las palabras adecuadas para preguntar.
-Y.. ehm... ¿no hubo nadie a quien le diera un beso? Me acuerdo de una chica... -hizo un esfuerzo - y de nada más. ¿Sabes qué pasó?
Ainara miró al sueño. Se cogió un mechón de pelo y lo amasó. Alex recordó ese gesto, mezcla de timidez y nerviosismo, y entonces cayó. Cerró os ojos y se dio un golpe en la frente.
-No me digas que... Yo... a ti...
-¡No te preocupes! -le cortó ella - ¡No pasó nada! Una chica intentó ligar contigo. Era muy guapa por cierto. Pero tú le dijiste que estabas con tus amigos y con tu novia. Me cogiste de los hombros y me besaste. Ella se fue y yo te golpeé para que me soltaras.
Alex se rió, orgulloso de su propio ingenio aún en las peores condiciones físicas y mentales. Luego se puso serio y su cara enrojeció. Tardó unos momentos en reaccionar. Se disculpó y pidió perdón por todas las demás tonterías que pudiera haber hecho.
Ella sonrió amable, se levantó y le dio un beso en la mejilla. Era ya casi la hora de la comida, así que se pusieron a hacerla, los dos juntos. Cuando estaban a punto de terminar, llamaron a Juanra y Lola.
-¡Veníos a comer aquí! ¡Tenemos pasta de sobra! -un silencio -No hay excusas. Son 5 minutos. Os damos treinta. - y colgó.
Chema, el compañero de Alex despertó un minuto después de que los platos, el suyo incluido, estuvieran en la mesa. Tal como había dicho Alex, tenía un gran olfato para la comida. Comieron todos juntos, rieron contándole a Chema lo que había pasado la noche anterior el rato que no estuvo. Y, al terminar, los chicos recogieron la mesa, mientras Ainara y Lola se fumaban un cigarro.
Ainara se acercó a Lola y bajó la voz, en tono confidente y dijo, muy apresurada:
-Lola, Alex no sabe que fue él el que me pidió que viniera. Y tampoco sabe de qué hablamos después.
Lola la miró, con una sonrisa compasiva.
-Prefiero que no se acuerde -sentenció.
-Ai, ¿sabes que eso es...?
-... injusto? Sí. Pero es lo mejor, ¿vale?
Su amiga asintió, sin estar convencida del todo. Ainara le dio la última calada al cigarrillo y lo apagó en el cenicero mientras los otros tres entraban por la puerta del salón, riendo. Chema iba contándoles a los chicos su aventura con el taxista, aventura que repitió desde el principio a petición de Alex y juanra para que las chicas también la oyeran. Todos escucharon el relato, riendo de vez en cuando. Todos tranquilos. todos felices y sin preocupaciones. Pero Ainara mantenía entre las manos un mechón de pelo que manoseaba.
Disculpas, disculpitas.
Las fuerzas de seguridad bloggeras hemos tomado este sitio y a su autora por cara dura: lleva dos semanas sin pisar por aquí. Hemos llegado a la conclusión de que es todo por vaguería y pereza, puesto que hemos descubierto que la historia está escrita.
Patricia "Lurilla" Ñozú no ha declarado porque se le caía la cara de vergüenza. Todo lo que hemos podido sonsacarle entre risas (la hemos torturado chinamente) son palabras sueltas: "teatro", "absorvida", "sin vida social" y "pene". Esto último tampoco lo entendemos nosotros.
Pero, después de ver esta foto

Todo lo que podemos decir es que ella no es culpable de ser como es, y que fue víctima, siendo tan sólo una niñita, de una absorción de ondas cerebrales a manos de unos cerebros gigantes malvados.
Tras más cosquillas, hemos conseguido que nos asegurase que no se volverá a repetir una larga ausencia como ésta. También nos ha asegurado que nos quiere (pero es por el Síndrome de Estocolmo. Nosotros somos muy feroces)
Patricia "Lurilla" Ñozú no ha declarado porque se le caía la cara de vergüenza. Todo lo que hemos podido sonsacarle entre risas (la hemos torturado chinamente) son palabras sueltas: "teatro", "absorvida", "sin vida social" y "pene". Esto último tampoco lo entendemos nosotros.
Pero, después de ver esta foto
Todo lo que podemos decir es que ella no es culpable de ser como es, y que fue víctima, siendo tan sólo una niñita, de una absorción de ondas cerebrales a manos de unos cerebros gigantes malvados.
Tras más cosquillas, hemos conseguido que nos asegurase que no se volverá a repetir una larga ausencia como ésta. También nos ha asegurado que nos quiere (pero es por el Síndrome de Estocolmo. Nosotros somos muy feroces)
domingo, 22 de marzo de 2009
#2: Presentación (II)
-Si te dimos la llave, cenutrio, fue para que abrieras la puerta, ¡no para que nos la desencajases de la pared con esos portazos al cerrarla!
Había un chico pelirrojo en la puerta, bastante alto al lado de Ainara. Éste sonreía.
-Hola, Ai –hizo como si no hubiera oído la regañina de su amiga.
Lola salía de su cuarto en ese mismo momento. Miró alrededor y levantó una ceja cuando hubo terminado de repasar el pequeño salón.
-¿Y Celeste? –preguntó.
-¿Quién? ¡Ah! ¡Celeste! En su casa, supongo. Cortamos ayer. Bueno, corté, está claro.
-¿Por qué?
-Lola, por Dios. Me duele que dudes de que ella me dejara a mí –el chico se miró las uñas.
Lola volvió a levantar la ceja.
-Alex, me refería al por qué de dejarlo.
-Bueno... no era para mí –contestó sencillamente.
-¿Ves? ¡Ni si quiera le gustan! ¡Lo hace para torturarnos!
-Me divierten las niñas bien, es divertido darles largas. –Alex sonrió maliciosamente –Da igual. ¿Una play?
-Me niego. Hoy no –dijo Lola.
-Aiiiii, apóyameeee. Seremos dos contra uno.
-No. Eres un torturador. Lola elige.
Alex suspiró, resignándose, y cruzando los dedos por detrás de la espalda. Lola y Ainara se sonreían. Era estupenda esa especie de lealtad entre mujeres, era divertido cuando iban contra el chico las dos.
-¡Veamos una película! ¡La Vida de Brian! –hasta Lola se sorprendió de su efusivo tono de voz.
Los otros dos asintieron. Lola se sentó en el suelo, buscando en la pila de DVDs dentro del mueble de la tele. Ainara conectaba los cables a la televisión, también sentada en el suelo. Y Alex se sentó, solamente por no quedarse de pie.
Volvió a oírse cómo la puerta se cerraba tras ellos. Entraba un chico alto, con el pelo recogido en una coleta formada de rastas, mochila al hombro y bolsa de plástico en la mano derecha. Vestía con una camiseta con el dibujo de PacMan. Todos, menos Lola que seguía buscando la película, se giraron hacia él.
-Ey, colega, ¿qué tal? –le dio la mano a Alex.
-Siendo torturado por dos brujas, menos más que has llegado –recibió una colleja de Ainara que se levantaba para recibir al chico dándole un abrazo, una vez hubo terminado de colocar el reproductor de DVD.
El chico sonrió y dejó la bolsa sobre la mesa.
-¡Eh! ¡Eso es cerveza! ¡Entiendo que Lola te quiera! –alargó la brazo y cogió una de las latas. -¡Y fresquitas!
Lola se levantó al fin del suelo.
-Hola, Juanra, hoy toca peli –dijo Lola levantando la carátula mientras se acercaba a él y le besaba. –Por cierto, hay que ordenar eso, Ai.
-Ajá –dijo ésta mientras cogía una cerveza.
Juanra se sentó en el sofá, con su novia al lado, mientras leía el título de la película.
-La Vida de Brian. Chachi. Ponla ya, Alex.
El chico cogió la película y la metió en el DVD. Al darse la vuelta, ya estaban ocupados los dos sofás: el de tres plazas por Juanra, Lola y sus piernas. En el de dos plazas se estaba acomodando Ainara. El chico fue directo al sofá de dos plazas, sonriendo. La chica no le miraba. Alargó los brazos para apartarle las piernas, entonces ella habló, con voz muy tranquila:
-Ni lo sueñes –y le dio un trago a su cerveza, sin tan siquiera girarse.
-Jo, Ai, déjame un hueco.
-”¡Ay!” es lo que dirás tú si te atreves a tocarme para sentarte aquí, torturador.
Y ésta es la historia de cómo acabó Alex con mordiscos por todo el cuerpo, viendo junto a sus amigos (que se reían de él) la obra maestra de los Python.
Había un chico pelirrojo en la puerta, bastante alto al lado de Ainara. Éste sonreía.
-Hola, Ai –hizo como si no hubiera oído la regañina de su amiga.
Lola salía de su cuarto en ese mismo momento. Miró alrededor y levantó una ceja cuando hubo terminado de repasar el pequeño salón.
-¿Y Celeste? –preguntó.
-¿Quién? ¡Ah! ¡Celeste! En su casa, supongo. Cortamos ayer. Bueno, corté, está claro.
-¿Por qué?
-Lola, por Dios. Me duele que dudes de que ella me dejara a mí –el chico se miró las uñas.
Lola volvió a levantar la ceja.
-Alex, me refería al por qué de dejarlo.
-Bueno... no era para mí –contestó sencillamente.
-¿Ves? ¡Ni si quiera le gustan! ¡Lo hace para torturarnos!
-Me divierten las niñas bien, es divertido darles largas. –Alex sonrió maliciosamente –Da igual. ¿Una play?
-Me niego. Hoy no –dijo Lola.
-Aiiiii, apóyameeee. Seremos dos contra uno.
-No. Eres un torturador. Lola elige.
Alex suspiró, resignándose, y cruzando los dedos por detrás de la espalda. Lola y Ainara se sonreían. Era estupenda esa especie de lealtad entre mujeres, era divertido cuando iban contra el chico las dos.
-¡Veamos una película! ¡La Vida de Brian! –hasta Lola se sorprendió de su efusivo tono de voz.
Los otros dos asintieron. Lola se sentó en el suelo, buscando en la pila de DVDs dentro del mueble de la tele. Ainara conectaba los cables a la televisión, también sentada en el suelo. Y Alex se sentó, solamente por no quedarse de pie.
Volvió a oírse cómo la puerta se cerraba tras ellos. Entraba un chico alto, con el pelo recogido en una coleta formada de rastas, mochila al hombro y bolsa de plástico en la mano derecha. Vestía con una camiseta con el dibujo de PacMan. Todos, menos Lola que seguía buscando la película, se giraron hacia él.
-Ey, colega, ¿qué tal? –le dio la mano a Alex.
-Siendo torturado por dos brujas, menos más que has llegado –recibió una colleja de Ainara que se levantaba para recibir al chico dándole un abrazo, una vez hubo terminado de colocar el reproductor de DVD.
El chico sonrió y dejó la bolsa sobre la mesa.
-¡Eh! ¡Eso es cerveza! ¡Entiendo que Lola te quiera! –alargó la brazo y cogió una de las latas. -¡Y fresquitas!
Lola se levantó al fin del suelo.
-Hola, Juanra, hoy toca peli –dijo Lola levantando la carátula mientras se acercaba a él y le besaba. –Por cierto, hay que ordenar eso, Ai.
-Ajá –dijo ésta mientras cogía una cerveza.
Juanra se sentó en el sofá, con su novia al lado, mientras leía el título de la película.
-La Vida de Brian. Chachi. Ponla ya, Alex.
El chico cogió la película y la metió en el DVD. Al darse la vuelta, ya estaban ocupados los dos sofás: el de tres plazas por Juanra, Lola y sus piernas. En el de dos plazas se estaba acomodando Ainara. El chico fue directo al sofá de dos plazas, sonriendo. La chica no le miraba. Alargó los brazos para apartarle las piernas, entonces ella habló, con voz muy tranquila:
-Ni lo sueñes –y le dio un trago a su cerveza, sin tan siquiera girarse.
-Jo, Ai, déjame un hueco.
-”¡Ay!” es lo que dirás tú si te atreves a tocarme para sentarte aquí, torturador.
Y ésta es la historia de cómo acabó Alex con mordiscos por todo el cuerpo, viendo junto a sus amigos (que se reían de él) la obra maestra de los Python.
lunes, 16 de marzo de 2009
#1: Presentación (I)
Era muy largo como para cansaros el primer día con tanto. Así que lo he dividido en dos. Espero que os guste. hasta la semana que viene.
Una chica de piel y pelo moreno, vestida con un vestido de tela largo y blanco, estaba tumbada sobre la cama de la habitación de paredes moradas sobre las que había unos cuantos símbolos de la paz pintados en verde, un póster de Bob Dylan con su guitarra, fotografías en blanco y negro y un pequeño espejo colgados.
Era una tarde tranquila. La tenue luz del sol entraba por la ventana e inundaba la habitación. Soplaba una suave brisa. Los pájaros cantaban dándole paz a la casa entera. Bajito, sonaba Bob Marley. La chica miró el reloj que había junto a la lámpara, sobre la mesilla. Eran las seis de la tarde. Nada podía ser más perfecto. Respiró profundamente llenando sus pulmones con el aroma del incienso que estaba encendido al otro lado de la habitación, al lado del ordenador apagado.
Cerró los ojos, sonreía. Estaba en total armonía con el mundo en general, era estupendo no oír los mismos gritos de siemp…
-¡LOLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
La chica abrió los ojos de golpe, volviendo a la terrible realidad, lamentando la realidad. Se tapó la cara con los brazos, adivinando lo que vendría a continuación y queriendo esconderse de ello.
Un torbellino de pelo rubio invadió su pequeño rincón tranquilo. Era una chica más bien bajita, con unos ojos grandes de color miel abiertos de par en par. Vestía unos vaqueros desgastados por el uso y una camiseta que le quedaba muy ancha. El pelo lo tenía recogido en una desordenada coleta, y el flequillo le ocultaba la mitad de la cara, alterado por haber corrido.
-Ai, eres tú, qué sorpresa –dijo la chica, aún tumbada y con los brazos sobre sus párpados.
-¿Es que no me has oído gritarte?
-A penas –ironizó Lola, paciente.
-El caso es que te llamaba porque Alex va a venir –se sentó a los pies de la cama de su amiga, hablando con una mezcla de molestia y alteración.
-¿Y?
-¡Que traerá a su tonto ligue! –parecía que no entendiese por qué Lola no estaba disgustada por algo tan grave.
-A riesgo de parecer repetitiva: ¿y?
Ainara puso los ojos en blanco.
-¡Que es tonta! Es como si al estúpido de Alex le pareciese divertido presentarnos a sus líos más tontos.
-Es que es así. Además, creo que exageras.
-¿Ah, sí? –se aclaró la garganta y puso la voz muy aguda para decir:- a mí me gustan los caballos. Son bonitos. Mi papá tiene caballos. Me gustan sus coletas. Tú pareces un caballo con esa coleta, Ainara. ¿También te gustan los caballos? –dijo esto mientras lo entrecomillaba gesticulando con sus manos –¡Por Dios! ¡Un caballo tiene más conversación!
Lola se rió. Se descubrió los ojos y se incorporó en la cama. Inspiró por última vez el olor a incienso. Miró a su amiga, tomándose su tiempo.
-Vives estresada, Ainara. Ése es tu problema.
-Maldita hippie –contestó por lo bajo.
Lola sonrió, dejándole claro que le había oído. No solía hablar si no era estrictamente necesario expresar algo en voz alta, como un sarcasmo o un buen consejo. Prefería dejar que sus expresiones lo dijeran todo, y pensaba que ese era el motivo por el que Ainara la quería tanto: no juzgaba constantemente sus actos, no le decía que sería mejor que hiciera cosas que por nada del mundo haría. Así era como todo el mundo actuaba delante de Ainara, no conseguían entender sus actos tal como los concebía. Pero Lola entendía a la chica y sólo le daba consejos cuando su amiga se los pedía o cuando lo consideraba peligrosamente necesario. Y después de dos años viviendo juntas, Lola había aprendido a saber cuándo Ainara necesitaba que le dieran un empujón con palabras: prefería los gestos y los actos. Y Lola lo sabía bien porque ella era igual.
Seguían las dos sobre la cama, Lola sonriendo pensando en todo esto y Ainara abstraída del mundo mirando la barra de incienso, cuando oyeron la puerta de la calle cerrarse de golpe. Ai dio un brinco en su sitio, y Lola simplemente dirigió la mirada hacia la puerta, levantándose lentamente. Ainara se adelantó y salió al salón, donde estaba la puerta principal.
-Si te dimos la llave, cenutrio, fue para que abrieras la puerta, ¡no para que nos la desencajases de la pared con esos portazos al cerrarla!
Una chica de piel y pelo moreno, vestida con un vestido de tela largo y blanco, estaba tumbada sobre la cama de la habitación de paredes moradas sobre las que había unos cuantos símbolos de la paz pintados en verde, un póster de Bob Dylan con su guitarra, fotografías en blanco y negro y un pequeño espejo colgados.
Era una tarde tranquila. La tenue luz del sol entraba por la ventana e inundaba la habitación. Soplaba una suave brisa. Los pájaros cantaban dándole paz a la casa entera. Bajito, sonaba Bob Marley. La chica miró el reloj que había junto a la lámpara, sobre la mesilla. Eran las seis de la tarde. Nada podía ser más perfecto. Respiró profundamente llenando sus pulmones con el aroma del incienso que estaba encendido al otro lado de la habitación, al lado del ordenador apagado.
Cerró los ojos, sonreía. Estaba en total armonía con el mundo en general, era estupendo no oír los mismos gritos de siemp…
-¡LOLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
La chica abrió los ojos de golpe, volviendo a la terrible realidad, lamentando la realidad. Se tapó la cara con los brazos, adivinando lo que vendría a continuación y queriendo esconderse de ello.
Un torbellino de pelo rubio invadió su pequeño rincón tranquilo. Era una chica más bien bajita, con unos ojos grandes de color miel abiertos de par en par. Vestía unos vaqueros desgastados por el uso y una camiseta que le quedaba muy ancha. El pelo lo tenía recogido en una desordenada coleta, y el flequillo le ocultaba la mitad de la cara, alterado por haber corrido.
-Ai, eres tú, qué sorpresa –dijo la chica, aún tumbada y con los brazos sobre sus párpados.
-¿Es que no me has oído gritarte?
-A penas –ironizó Lola, paciente.
-El caso es que te llamaba porque Alex va a venir –se sentó a los pies de la cama de su amiga, hablando con una mezcla de molestia y alteración.
-¿Y?
-¡Que traerá a su tonto ligue! –parecía que no entendiese por qué Lola no estaba disgustada por algo tan grave.
-A riesgo de parecer repetitiva: ¿y?
Ainara puso los ojos en blanco.
-¡Que es tonta! Es como si al estúpido de Alex le pareciese divertido presentarnos a sus líos más tontos.
-Es que es así. Además, creo que exageras.
-¿Ah, sí? –se aclaró la garganta y puso la voz muy aguda para decir:- a mí me gustan los caballos. Son bonitos. Mi papá tiene caballos. Me gustan sus coletas. Tú pareces un caballo con esa coleta, Ainara. ¿También te gustan los caballos? –dijo esto mientras lo entrecomillaba gesticulando con sus manos –¡Por Dios! ¡Un caballo tiene más conversación!
Lola se rió. Se descubrió los ojos y se incorporó en la cama. Inspiró por última vez el olor a incienso. Miró a su amiga, tomándose su tiempo.
-Vives estresada, Ainara. Ése es tu problema.
-Maldita hippie –contestó por lo bajo.
Lola sonrió, dejándole claro que le había oído. No solía hablar si no era estrictamente necesario expresar algo en voz alta, como un sarcasmo o un buen consejo. Prefería dejar que sus expresiones lo dijeran todo, y pensaba que ese era el motivo por el que Ainara la quería tanto: no juzgaba constantemente sus actos, no le decía que sería mejor que hiciera cosas que por nada del mundo haría. Así era como todo el mundo actuaba delante de Ainara, no conseguían entender sus actos tal como los concebía. Pero Lola entendía a la chica y sólo le daba consejos cuando su amiga se los pedía o cuando lo consideraba peligrosamente necesario. Y después de dos años viviendo juntas, Lola había aprendido a saber cuándo Ainara necesitaba que le dieran un empujón con palabras: prefería los gestos y los actos. Y Lola lo sabía bien porque ella era igual.
Seguían las dos sobre la cama, Lola sonriendo pensando en todo esto y Ainara abstraída del mundo mirando la barra de incienso, cuando oyeron la puerta de la calle cerrarse de golpe. Ai dio un brinco en su sitio, y Lola simplemente dirigió la mirada hacia la puerta, levantándose lentamente. Ainara se adelantó y salió al salón, donde estaba la puerta principal.
-Si te dimos la llave, cenutrio, fue para que abrieras la puerta, ¡no para que nos la desencajases de la pared con esos portazos al cerrarla!
domingo, 15 de marzo de 2009
... y cuenta nueva.
Bueno, éste es el inicio de la nueva etapa. Nuevo look. Nuevos enlaces. Optimismo reanimado. Ésta es la nueva etapa, que como expliqué en la entrada anterior, me ayudará en mi nueva vida.
Los comentarios no cuestan nada, y mola saber que hay gente que lee y apoya.
Mañana actualizaré con el arranque de la mini-historieta, que ya tengo escrita (y destruida, y escrita de nuevo). Es sólo una pequeña presentación de los nuevos personajes, pero yo creo que os gustará. Y no tengo nombre para la historieta. Creo que la dejaré como "Escupiendo Palabras" Porque mis ersonajes son míos, al fin y al cabo. Y anque no lo comparto todo con ellos, ellos también tienen derecho a escupir.
Espero que os guste la nueva etapa.
Los comentarios no cuestan nada, y mola saber que hay gente que lee y apoya.
Mañana actualizaré con el arranque de la mini-historieta, que ya tengo escrita (y destruida, y escrita de nuevo). Es sólo una pequeña presentación de los nuevos personajes, pero yo creo que os gustará. Y no tengo nombre para la historieta. Creo que la dejaré como "Escupiendo Palabras" Porque mis ersonajes son míos, al fin y al cabo. Y anque no lo comparto todo con ellos, ellos también tienen derecho a escupir.
Espero que os guste la nueva etapa.
domingo, 8 de marzo de 2009
Borrón.
Bien, es sabido por todos (y si no, ya os lo digo yo) que amo los refranes. Así pues, hoy os traigo éste: a grandes males, grandes remedios.
Sigo con mi optimismo y mi ánimo de que las cosas cambien dentro de mí. Pero si sigo escribiendo como hasta ahora jamás podré empezar la nueva etapa. Así que anuncio que esto es un borrón, y dentro de poco arrancará la vida nueva.
Mis dos problemas: no escribo regularmente, y sólo escribo sobre mí. Se acabó. Voy a empezar una historia que aún no sé de qué irá muy bien, pero ya tengo los personajes. Y voy a publicar cada semana, así me obligaré a escribir regularmente, porque no quiero perder la costumbre. Me sentará bien alejarme un poco de mis propios sentimienos e inventarme otros con los que poder jugar y experimentar mi estilo.
He de decir que al no saber hacia dónde encaminaré la historia, esto puede ser un caos al principio. Mi idea es ir haciendo historietas cortas, sobre la vida de tres personas, y, si luego surge, una historia mucho más elaborada. Tampoco dejaré del todo mis pensamientos y reflexiones, así que cuando quiera estallar seguiré escupiendo sobre el teclado.
Y hasta aquí mi comunicado. Estad atentos (si es que hay alguien por ahí) porque dentro de no mucho escribiré.
Sed felices.
Sigo con mi optimismo y mi ánimo de que las cosas cambien dentro de mí. Pero si sigo escribiendo como hasta ahora jamás podré empezar la nueva etapa. Así que anuncio que esto es un borrón, y dentro de poco arrancará la vida nueva.
Mis dos problemas: no escribo regularmente, y sólo escribo sobre mí. Se acabó. Voy a empezar una historia que aún no sé de qué irá muy bien, pero ya tengo los personajes. Y voy a publicar cada semana, así me obligaré a escribir regularmente, porque no quiero perder la costumbre. Me sentará bien alejarme un poco de mis propios sentimienos e inventarme otros con los que poder jugar y experimentar mi estilo.
He de decir que al no saber hacia dónde encaminaré la historia, esto puede ser un caos al principio. Mi idea es ir haciendo historietas cortas, sobre la vida de tres personas, y, si luego surge, una historia mucho más elaborada. Tampoco dejaré del todo mis pensamientos y reflexiones, así que cuando quiera estallar seguiré escupiendo sobre el teclado.
Y hasta aquí mi comunicado. Estad atentos (si es que hay alguien por ahí) porque dentro de no mucho escribiré.
Sed felices.
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