sábado, 27 de junio de 2009
Lo entendí.
Y ahora lo entiendo.
Muchas gracias, muchas muchísimas. Por estar para decirme lo que piensas, y no tratarme como a una niña. Por reir conmigo, darme consejos, y llorar ante mí. Por ser parte de esta pequeña familia y por, mucho más importante, poder ser llamada amiga.
lunes, 1 de junio de 2009
Monólogo Ficticio.
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(No debe leerse sin haber leído esto)
Ella hablaría:
-Míranos. ¡Míranos! ¡Estamos aquí! Jamás pensé que pasaría. Deseaba que pasara. Pero no albergaba esperanza. Al menos no cuando tuvimos aquella conversación: para mí, todo quedó dicho. Era ficticia, pero tú casi me la confirmaste en la realidad. Y yo no quería seguir, ¿recuerdas? No quería seguir... huía.
Pensaba que se me pasaría, que volvería a la realidad, que dejaríamos de hablar, que no te vería nunca. Lo pensaba de verdad. Nunca te lo había dicho, pero ahora siento la necesidad de hacerlo. Y, sin embargo, en el fondo sabía todo lo contrario. Sabía que seguiría adelante, que un día no podría pararse, que no habría remedio. No dormía por las noches pensándolo, engañándome. ¡Míranos!
Ahora todo es diferente, aunque hay algo que sigue igual: sigo sin poder dormir. No duermo pensando en esto. Y tengo miedo. Tengo mucho miedo. La otra vez pude decirlo, nada fue como imaginaba, efectivamente, arriesgué y gané. Y ahora... ahora... ¿qué? Tengo miedo. De volver a arriesgar y perder esta vez (ya sé que tú no dejarías que pasase, pero déjame soltarlo todo antes de que se me acabe el fuelle). De que me vuelva a faltar locura. O de que tú te vuelvas cuerdo. Nunca te vuelvas cuerdo, ¿de acuerdo? Prométemelo. Porque si te vuelves cuerdo... mup. Eso pasará. Mup. Y, debo confesarte: cuando no duermo, a veces pienso que quizás sería lo mejor. Pero no quiero que ocurra. ¡No quiero! No, porque quiero merecérmelo. Quiero que lo merezcamos los dos. Me gusta la taquicardia. Y decir las frases que son construídas para no ser dichas. Y... soy una gran contradicción, lo sé. Pero no quiero que no ocurra... De verdad... es... es... es.
-Se te ha acabado el fuelle.
-Se me ha acabado.
Y, una vez más, cuando se atrevió a decirlo, nada fue como esperaba.
domingo, 24 de mayo de 2009
No hacen falta palabras.
Él pasó un dedo suavemente y con dulzura por su vientre, por su ombligo desnudo y pálido. Vio cómo ella sonreía sin abrir los ojos. Él se recostó de nuevo sobre su costado izquierdo y le besó el cuello cuando estuvo cerca. Ella le puso la mano izquierda sobre la cintura y giró noventa grados para abrazarle mejor y de frente. Los rizos le caían por la cara y él se encargó de apartárselos acariciándole las rosadas mejillas al paso de sus manos.
Ella al fin abrió los ojos y el verde de éstos hipnotizó al chico, que a duras penas pudo apartar la mirada para dirigirla a sus labios y examinarlos. Recorrió el inferior con el pulgar de su mano derecha con más delicadeza que antes si cabía, leyendo todos sus surcos y los misterios que guardaba en ellos. Ella sonrió y él retiró el dedo, como asustado ante un movimiento repentino. Acercó su cuerpo lentamente al de él, dejando adivinar los acontecimientos próximos. Le buscó con los labios, y él no se escondió.
Se dejaron llevar una vez más. Con un beso empezó todo de nuevo. Las sábanas bailaron y ellos se lo volvieron a decir todo sin articular palabra.
martes, 3 de febrero de 2009
Conversación Ficticia.
-Eres la típica persona de la que yo me enamoraría.
Y él diría:
-¿Tienes una típica personalidad de la cual enamorarte?
Y así seguiría:
-Sí, una personalidad muy parecida a la tuya.
-Explícame eso.
-Una persona con la que poder hablar, que me entendiese cuando quisiera expresar algo sin necesidad de tener que expresarlo, pero dejando que aún así lo diga. Y dándome su opinión sin que le importase casi nada mi reacción, pero preocupándose si ve que reacciono mal. Ese tipo de personalidad.
-Entiendo.
-Ya.
-Y, si soy tu tipo, ¿por qué has dicho que sería la persona de la que te enamorarías y no has dicho que está enamorada de mí?
Aquí ella tardaría en contestar, pero al final lo haría.
-Bueno. Existen varias razones. La primera: sé cuando una causa está perdida... y no precisamente porque crea que no te enamorarías de mí, sé que sí lo harías. De hecho, a veces pienso que en cierto modo, ya lo haces.
-Ah, ¿sí?
-Sip. Pero esa no es la cuestión. La cuestión es que no puedo. Ni tú puedes. Los dos sabemos que no podemos. Sería una tontería.
-¿Y las demás razones?
-La siguiente razón que cobra sentido en mi cabeza es que no estoy tan loca como para decirte que estoy enamorada de ti. También puedes llamarlo miedo, no tengo inconveniente, y sé que lo estás pensando.
-Sabes mucho.
-Lo justo para saber que estoy a gusto manteniendo esta conversación contigo gracias a la amistad, y que no quiero perder esa posibilidad.
Aquí se estancaba, porque ella misma no sabría qué responder ante algo así. Tal vez un "me alegro" y seguir hablando de otra cosa. Tal vez un silencio que otorgara y seguir hablando de otra cosa. Tal vez un "tengo que irme", para no volver. Muchas teorías, ninguna segura.
Entonces se durmió. Y a la mañana siguiente no recordó nada.
Y era así noche tras noche. Hasta que un día se atrevió a decirlo, y nada fue como esperaba.
miércoles, 28 de enero de 2009
Refugio.
He vuelto a experimentar ese odio irracional hacia todas las personas. He querido que el viento me golpease la cara y se llevara las tristezas que siento sin necesidad. He querido mirar a los niños, obsarvando nuestro futuro, observando sus sonrisas, juzgando si serán buenos médicos, buenos maestros, buenas personas. Me he sentado sola a ver la fuente que hoy estaba vacía y apagada. Sin duda, es más bonito en verano.
No me hacía falta nada más que yo, mi música, un libro y el frío de la soledad que me devuelve el calor. Y ni si quiera me he dado cuenta de que ha empezado a llover sobre mí hasta que no ha sido demasiado tarde para cerrar el libro y proteger sus palabras del agua, así que lo he dejado abierto y he seguido sumergiéndome en los sentimientos de otros que ni si quiera son reales. Y me he preguntado si alguna vez volveré a sentir... como aquel verano. Como hace dos primaveras. Me pregunto si aparecerá un Tú que le dé sentido a todo esto que albergo y ahora no entiendo, porque al no tener destinatario se pierde y se difumina, haciendo que pierda su claridad.
He estado a punto de llorar. Entonces he cerrado el libro, me he levantado y he vuelto a casa.
No, no estamos en ese verano. Y jamás volveré allí, porque ese verano me hizo más daño que ningún otro momento en mi vida, porque algo murió conmigo entonces... murió mi inocencia, murió mi optimismo ciego que dio paso a un optimismo más realista, a la simplicidad de mi pensamiento que a veces se ve tan complicado: no tienes lo que no tienes, no hagas planes que no sabes si podrás cumplir. No hagas planes que se alejen más de unos pocos meses... porque la certeza no existe.
Pero hoy no tenía nada ni nadie de lo que quejarme en soledad. Simplemente... me apetecía estar sola, aunque jamás pensé que me pudiera llegar a afectar tanto.
martes, 23 de diciembre de 2008
¿Qué pasa, Humanidad?
Y no hablemos de sueños... que me pongo de mala leche. ¿Será posible que lleve cosa de tres ó cuatro meses soñando sobre lo mismo y, de pronto, cuando el sueño se hace realidad yo no sé qué coño hacer? Normalmente idolatro a Futurama, pero los guionistas se lucieron cuando escribieron que nada es imposible si te lo imaginas en un sueño.
Aquí puedo enlazar con la segunda cosa que últimamente no me sale ni a la de tres: entender a la gente. ¿Qué os pasa, humanidad? ¿Os habéis vuelto loca de repente? ¿O es que me he vuelto yo cuerda de pronto? Porque no entiendo nada. Absolutamente nada. Sucesos inesperados por todos los lados hacia donde mire. Inconexas situaciones. Ilógicas actuaciones. ¡Centráos, por Buda! Ya sé que esto de la crisis es para alterarse, pero no tanto. Es que la gente no saber controlar sus gilipolleces.
Cada día tengo más claro algo, y es que a veces pienso que la gente es idiota, que una ola de estupidez los ha arrasado a todos, pero todo se confirma cuando los oigo hablar/los leo/los observo.
Puede que las dos cosas se fusiones, y como no soy capaz de entender mi alrededor, no soy capaz de describirlo. Quién sabe.
A veces también pienso que de pronto yo me he vuelto demasiado exigente, demasiado egoísta, demasiado estúpida o demasiado razonable... "¡Qué coño! ¡Que no! ¡Que son Elllos!" es lo que contesta mi voz interior a ese pensamiento.
martes, 2 de diciembre de 2008
sonrisa común.
Ha habido tantos Ellos que me creo con la obligación de haceles justicia no dedicándoles un blog, sino dedicándoles mi forma de vida, mi paso a paso, mis fuerzas, mis reflexiones. Esa sonrisa es tuya, y tuya, tuya también. De todos. De absolutamente todos.
jueves, 6 de noviembre de 2008
También, con esta oleada de frío me da por mirar a la gente que va bien abrigadita por la calle, con chaquetas largas, con guantes, con orejeras, con botas altas... con hiyabs... Sí, eso, con hiyabs (o velos islámicos) en verano tienen que ser una tortura, pero en invierno... tiene que ser una bendición.
Si sois un poco observadores, veréis que trato el hiyab como si fuera un simple trapo de vestir y bien... pese a las críticas que pueda recibir diré que sí, yo lo considero una simple prenda de vestir. El caso es que con esto de la entrada del invierno, además de congelárseme las manos y los pies también se me congeló un poco el cerebro, y ayer me dio por calentarlo. Me crucé con una chica islámica ( que reconocí por el pañuelo en la cabeza, no es que yo sea una experta en religiones) y un pensamiento me cruzó de pronto: "¿cómo puede ser que aún sean capaces de llevar eso? ¡Debería de estar prohibido!" Entonces saltó la alarma dentro de mí, me vi a mí misma representando todo aquello que siempre he odiado: que se use como excusa una prenda para señalar con el dedo y decir que es una cultura machista y atrasada.
Con esto no quiero decir que en realidad no lo piense, me refiero a que no lo pienso porque lleven el pañuelo, lo pienso porque es verdad. Pero ¡ay, señores! si nos parásemos menos a mirar lo exterior y empezáramos a mirar lo interior. A un rapero nadie se atreve a decirle que se compre pantalones ajustados, ni a un gótico se le dice que se ponga ropa de color naranja; es todo cuestión de subculturas, ¿por qué la sociedad no es capaz de entender que el hiyab es un símbolo de su cultura? Se escudan en que es una cultura machista, y yo no se lo niego, qué va, lo que no apruebo es que ponga tanto empeño en cambiar lo exterior y se paren tan poco a mirar el interior.
Me parece de lo más hipócrita reprender a una niña por llevar pañuelo en la cabeza y a otra que lleve un colgante con una cruz se le diga que es 'mona'. ¿El cristianismo no es machista? Me parece que habría que recordar esa historia del pecado original.. ¿quién tiene la culpa de que los humanos estemos castigados? ¡Oh, Eva! ¿por qué? ¡Vaya, por llevar la tentación en sí misma! Mirémonos más al ombligo, que lo tenemos un poco abandonado. Miremos los anuncios televisivos, miremos la discriminación positiva que favorece a las mujeres (a mí, personalmente, que lleve el calificativo "positiva" me parece más deplorable aún). La úninca diferencia es que aquí se esconde más ese machismo.
Si se quisiera solucinonar esto de verdad, se haría por otros medios, se harían conferencias, se daría la opción de elegir. Soy de la opinión de que un por la fuerza no vale nada ante un por la razón. Soy de las que opinan que se debe mantener a la gente informada proque como dije anteriormente, la información es poder. Si las mujeres islámicas supieran las posibilidades que tienen,de una forma bien argumentada, nada de "oh, te hará más feliz", seguramente la mayoría elegiría no llevar esa prenda que tal vez represente la represión. Y quizás otras muchas decidieran seguir llevándolo por su cultura, aunque despreciarían la faceta machista de ésta y poco a poco, pasito a pasito, cambiarían la visión de una forma mucho más cimentada.
Ahí os lo dejo, pensad sobre ello. Y para ayudaros, una perlita de la historia del cortometraje, a mí, me dejó impresionada, desde luego:
Hiyab, Xavi Sala: http://es.youtube.com/watch?v=MsITLQASqiE
sábado, 11 de octubre de 2008
-¿Te apuntas a lo del Plan Bolonia? -¿Y eso dónde está?
No pienso intentar convencer a unos u otros de nada. Mi intención no es hacer ver mis ideas políticas (aunque seguramente quedarán claras a lo largo del escrito). Lo que pretendo es concienciar de la importancia de la información.
Sí, yo soy de las que opinanq ue la información es poder. Una pistola se puede disparar contra uno mismo, el dinero acaba desapareciendo, pero la información sólo es peigrosa cuando está equivocada. Por desgracia éste es nuestro castigo por la era informática que vivimos: Internet puede ser un buen aliado, y
el peor de nuestros enemigos. Hay que saber esquivar, seleccionar, entender y ser críticos. Con todo esto, lograremos formarnos una opinión sobre una base firme.
Con el Plan Bolonia se está viendo muy claramente esto que digo. La gente no sabe de lo que habla, y ya está en contra, o escuchan hablar a sus papás de ello, y están maravillados. Pero, ¿por que no se saca información de otros lados? ¿Por qué somos tan vagos que no somos capaces de buscar nosotros mismos? Hay páginas que redactan a la perfección, desde un punto objetivo lo que es el EEES, pero claro, muchos oyen hablar del Plan Bolonia sin saber qué cojones significan esas siglas. ¿EEES? ¿Qué es eso? Eso es a lo que tendremos que adaptarnos todos de aquí a uns años, y si no es para nosotros mismo será para nuestros hijos, o para amigos más pequeños. Se habla de la dureza de las pruebas, de la exigencia, de la privatización, de la inaccesibilidad económica. Pero ¿por qué no se habla claro de todo eso? En los informativos no se da suficiente información, de hecho, no se da ningún tipo de información, sólo se habla de crisis, pero ese es un tema que tampoco dejan claro.
Se convocan huelgas en contra de Bolonia, y eso es algo con lo que ya me hierve la sangre del todo. ¡Por favor! ¿Una huelga convocada por el Sindicato de Estudiantes? En el Sindicato lo único que hacen es planear cuándo les viene mejor perder clase y allí colocan huelgas sin sentido. ¿Por qué no ese Sindicato, tan estudiantil y que tan preocupado está por nuestro futuro académico no se dedica a repartir panfletos con una información fiable y objetiva del EEES? Luego nos quejamos de manipulación por parte de los medios y por parte del gobierno, pero lo único que hacemos es repartir papelitos del tamaño de media cuartilla que ponga: "CON BOLONIA VAMOS HACIA ATRÁS". Y en vez de escucharse de parte de los estudiantes algún "por qué?" o "me informaré" se escuchan: "pues es verdad", "pues hagamos huelga".
Me repatean los hígados todos aquellos que dicen: "No haremos nada, pero es una buena excusa para saltarnos clase y fumar petas" (esto es verídico 100%). Así, vosotros seguid fumando petas, que llegará un momento en que seais justo lo que quieren: personas sin capacidad de decisión y fácilmente manipulables. Cuando esto se note y el mundo sea de quienes estábamos en contra, entonces lloraremos por no haber hecho nada.
Por favor, más información, más decisión y declaración de principios. Menos pose de niños progres por fumar poros al lado de rojos que no saben por lo que luchan.
¡Blah!
miércoles, 1 de octubre de 2008
De lo eclarecedor de la agonía y lo hiriente de la alegría.
Siento que ya no me salgan cosas de esas que te hacen llorar de felicidad por recordar buenos momentos, el tiempo maltrata el pensamiento, y eso que no soy vieja.
Quiero descrubrir, redescubrir, redescubrirme. Ya es hora y, modestia aparte, me lo merezco.
Sentir que tengo el mundo bajo mis pies es una de las sensaciones que más se repiten, junto con la sensación de soledad, en mi cabeza. Ese increíble poder de invencibilidad, de autosuperación, de autocrítica constructiva, de saber que se pueden volver a contruir las cosas que se tiran.
Soy una persona optimista, de verdad que sí, pero alguien dijo alguna vez que es más fácil escribir cuando las emociones desbordan el alma, y eso suele ocurrir cuando nos sentimos abatidos. Somos así de egocéntricos, de estúpidos, de ignorantes: no sabemos apreciar lo bueno, sólo le damos importancia a lo malo, o, al menos, se la damos con más fuerza. Vemos más claramente cuando algo nos duele que cuando estamos agusto con una situación. Tontería, pretensión, prepotencia. Sólo nos duele lo nuestro, no somos capaces de ver lo afortunados que somos... hasta que es demasiado tarde.
Las cosas las apreciamos cuando ya no están. Cuando nos damos cuenta de que se han ido para siempre lloramos por ellas, y eso es lo que hace que parezca que suceden más cosas malas en el mundo en proporción con las buenas. En el fondo yo no lo creo, yo pienso que un amanecer es algo maravilloso, algo más intenso que una dolorosa despedida, pero yo también soy humana, así que me doy cuenta de ello cuando es demasiado tarde, cuando la noche se cierne sobre mí.
Y el pasar tiempo contigo me hace darme cuanta de esas cosas buenas, casi insignificantes para muchas personas, porque hasta lo más mínimo alegre se intensifica, y lo más triste desaparece. Y de esto también me di cuenta cuando ya fue demasiado tarde; qué suerte tener una segunda oportunidad y querer aprovecharla al máximo. Gracias por preocuparte por mí, ya ves que estoy todo lo bien qe se puede estar; y si tengo días tristes es porque a veces la oscuridad gana al rayo de luz y no puedo evitar ver los colores en blanco y negro y no sacarle ningún partido a ello; pero en general, lo veo a todo color.
De nuevo, gracias.
viernes, 15 de agosto de 2008
Pensamientos en una fría mañana de agosto.
Intoxicada por el humo de mis pensamientos, que no me coloca si no en el sitio que debo estar. 'Deber', qué palabra más fea y tonta. Yo debo ¿qué? No le debo nada a nadie, nunca me gustó ser una morosa; ni si quiera me debo nada a mí misma: hago lo que puedo por no sentir este peso, es lo único que hago a mi favor. Y es que soy una poeta frustrada, engañada por el ideal "si quieres puedes", pero yo veo cómo los versos pasean ante mí, y yo con las manos de la memoria llenas de grasa: esos versos se me escapan.
Y aquí, mientras, yo sentada ya abandonada por Lucky y por su ama. Y así, como cada día, disfruto de este silencio en el que me encuentro sumida. Y no hay nada más aterrador que preguntar y encontrar un vacío como respuesta; o un gesto como pregunta y no saber qué contestar.
Pero no voy a llorar porque ya sabía que esto iba a pasar... de largo, como los trenes, hacia la estación de "nunca volverá". Qué rayada y sólo son las nueve (las diez como mucho) de la mañana; que si fuera por la tarde, yo estaría incluso alegre porque allí, en el mundo de los sueños, nunca jamás llueve; pero en la azotea de mi mente no paran de aparecer goteras, a cuentagotas... eso agota, ¿sabes?
Pero que te voy a contar si tú, como yo, lo entiendes. A base de bastonazos a las ilusiones y de abrazos inexistentes, hemos aprendido que no somos tan diferentes y que el secreto, no tan oculto, es pasar de la gente. Gente ruin, sin llantos, con sonrisas, sin sombras... sí, ya, esta vida no es tan fácil, seguro que algo tienen. Aunque la vida es sólo eso: vida, ni fácil ni difícil, ni bonita ni placentera. Lo hermoso es vivir, 20 años como pocos, o 70 como cualquiera; que lo importante aquí no es la cantidad, sino la calidad, y mucho más la intensidad.
¿Que con 18 años no te drogas, ni amas la música, ni si quiera follas? ¿Que no te comprometes por nada porque no quieres morir? Tío, deja de intentarlo, que ya estás muerto. Pínchate y compruébalo: no vas a ver sangre, como sangre vi yo salir de mis entrañas cuando arriesgué y perdí, y como sangro yo cuando la música termina. Y aquí estoy, en pie sobre una sola pierna, haciendo equilibrios y sonriendo con la fuerza que me queda. Cuando me llegue el momento de desaparecer, seguramente mi último pensamiento sea: "he sido feliz en este mundo de mierda y ahora me voy, que el infierno me espera".
Y es que si he conseguido superar una infancia de la que apenas guardo recuerdos (los quemé a la luz de unas velas, para no tener motivos de pelea); si he superado personas indeseables, personas buenas que tornaron en malas y personas, a secas; si he conseguido sobrevivir a personas de mentes cuadradas con bates redondos que no entienden de palabras, que no entienden nada; si he conseguido superar decepciones de sociedades calladas y esclavizadas sin grilletes a las que traté de remover por dentro, sólo por joder, por dar a entender lo que pienso y siento. Si he conseguido todo eso, ya sólo me queda esperar a morir sola, porque así se muere: con uno mismo. Pero no me llaméis pesimista, escuchadme hasta el final: uno no es sólo uno. Uno es con quien se cruza por la calle y le enseña lecciones, sin conocerse. Uno es todo por lo que se ha interesado, ha defendido y arriesgado. Uno, en su soledad, es mucho más que 20 que intentas ser uno.
Si eliges bien tus pasos y te paras a pensarlo, me darás la razón... algún día.
miércoles, 23 de julio de 2008
Harta
Harta de tanta sonrisa falsa por la calle que hace que mis esfuerzos por sonreír de una forma sincera no sean valorados como se merecen.
Harta de tanta niña inmadura que se pone tacones y se cree mayor. Todo lo que he luchado yo por adquirir mi madurez se va por el retrete con sus toallitas desmaquilladoras.
Harta de tanta palabrería que pretende encadilar. Después, cuando hablo yo, no se me toma en serio, se me considera "una más que dice lo mismo"; pero lo mío sale de dentro de verdad.
Harta de que en esta vida no importe si se hace daño a una persona o no. Así, a mí me cuesta el doble levantarme... pero me levanto.
Harta de tanta gente que no sabe controlar su rabia: rabia sin fundamento, mal enfocada. Cuando yo estoy rabiosa, rabiosa de verdad, he de aguantarme porque puedo ofender a alguien; muerdo una almohada, doy puñetazos a las paredes, chillo y lloro y pataleo cuanto quiero, pero jamás me veréis pagarla contra quien no tiene sentido pagarla, contra quien no se la merece.
Harta de tanto hartamiento, que no me deja dormir en paz por las noches y me apabulla con sueños extraños.
Harta de toda esa gente que se queja de sus problemas insulsos como si fueran los peores del mundo, y luego acusan de egoísta a todo aquél que no le escucha. Hoy mi problema son esas personas que no ven más allá de sus narices, que no reflexionan antes de pisar, y que pisan sin remordimientos. Que no sienten más que lo suyo y no sufren más que los demás sólo porque lo aseguren.
Hoy, me río en vuestra cara porque cuando tengáis un problema... cuando estéis agonizando de dolor porque algo os queme tanto por dentro... no lo soportaréis. Ahora os hacéis tanto las víctimas sin si quiera imaginaros que podéis llegar a tener un problema serio que cuando se os presente no tendréis a dónde ir, a dónde huir, a dónde llegar. A partir de ese momento (si es que hay más momentos), tal vez empecéis a daros cuenta de que no sois el puto ombligo del mundo.
martes, 8 de julio de 2008
¿Me concedes este baile?
La historia se repite, y yo estoy dentro de la espiral de nuevo. Esta vez, sin embargo, no siento que soy la única que no encuentra su sujección. Ahora siento que me da lo mismo, que incluso me gusta este espídico movimiento incesante. No puede ser tan malo, y hasta que encuentre mi poste me va a costar, al fin lo acabé entendiendo. Lo que poco a poco guardo en mi maleta no está mal: son bonitos (o no) recuerdos y sé que algunos no me hará falta sacarlos en mucho tiempo poque tendré algo mucho más firme que una simple fotografía o un collar de macarrones confeccionado entre risas. Tengo seguridad, por el momento. Quién sabe lo que se llevará o traerá esta ventisca... ¿Y a quién le importa?
Mi cigarro se consume y yo a penas le he dado dos caladas. Ya es hora de notar cómo la vida invade mi pecho con su humo, sin preocuparme de cómos o porqués.
Si se oye una canción triste desde los altavoces, podemos bailar intentando que el tiempo pase lo más deprisa posible hasta que se torne en una alegre. Si suena una canción antigua... recordemos los pasos que fallaron anteriormente y cambiemos justo ahí nuestra coreografía. Si lo que invade nuestros oídos es una melodía desconocida, descubramos delicadamente cada acorde para saber si hemos de movernos con lentitud y llorar, o si nuestros pies crearán polvo de lo rápido que se moverán mientras reímos a carcajadas.
Pero jamás, jamás debemos dejar de bailar.
jueves, 19 de junio de 2008
Empezando a aceptar.
Llegados a este punto, incluso temo seguir escribiendo esto, que no es más que una aclaración de lo que le pasa a mis ganas de escribir, que son inmensas, pero están presas rodeadas de espinas encargadas de gritar que si se atreven a materializarse en letras, en palabras, en frases con sentido, no pasará nada más a parte de que una herida se abrirá. No creo que me convenga.
Me he pasado algunos días, después de comprobar que no soy capaz de escribir lo que deseo, leyendo otros blog's, otras páginas de gente como yo, que escribe, y que siente su vida en la escritura, que vuelca su vida en cada una de sus metáforas, en cada signo de puntuación. Y eso provoca en mí pavor: ¿por qué es capaz la gente de escribir lo que siente con tanta claridad? ¿por qué son capaces incluso de meterse en la piel de personajes totalmente inventados por ellos y que les salga tan bien la jugada que tienen a un montón de ciberlectores enganchados? He llegado a pensar incluso que no sirvo para esto. No recuerdo cuándo empecé a escribir mis relatos, pero no recuerdo ningún momento en que lo haya dejado.
Empiezo a ver la solución... tendría que dejar salir eso que me está consumiendo por dentro, dejar de ponerle excusas. aunque empiece a sangran, es más fácil sanar una hemorragia externa que una interna, y eso hace tiempo que lo sé.
jueves, 5 de junio de 2008
Para (no) ver.
Para no ver, basta con cerrar los ojos. Haz la prueba: ciérralos, y verás, en sentido metafórico, claro, porque no verás absolutamente nada. Aunque eso es mucho decir... porque la nada es negra, ¿no? Bueno, nadie ha visto la nada, así que no sabemos cómo es. Y no, no me discutáis esto, porque si lo estás viendo, es que hay algo, y donde hay algo no puede estar la nada. Aunque, según este razonamiento, la nada no existe, si existiera, tendría que estar en algún sitio... pero si está en algún sitio ya es algo. Para los que se hayan perdido: algo es antónimo (es decir, contrario) de nada. P y no p es una contradicción, y una contradicción no se puede ni pensar; yo lo veo clarísimo. Bueno, ahora no, ahora veo esa nada falsa y negra porque tengo los ojos cerrados, era para hacer esa demostración de que las cosas no se ven si no ves nada. Aunque empiezo a pensar que es mentira eso, pues ya llevo media hora sin abrir los párpados y he descubierto que la nada no existe y eso es ver algo... en sentido metafórico, claro, porque yo no he visto la nada. La nada no se puede ver, porque no existe. No entiendo por qué tenemos un nombre para algo que no existe, ¿por qué alguien pensó en la ausencia de cosas si nunca va a llegar a comprobar si eso existe? Qué ganas de complicase la vida. Si piensas que puede haber un espacio de cosas nunca llegarás a averiguarlo, porque si tú lo estás observando, ya hay una cosa allí. Es como preguntar si un árbol suena cuando se cae y no hay nadie alrededor. ¿Cómo quiere alguien descubrir eso? Es una pregunta trampa. Lo veis todos, ¿no? Pues si no lo veis, cerrad los ojos, que no sabéis cómo ayuda a verlo todo mucho más claro.
lunes, 2 de junio de 2008
Las cosas cambian.
Las cosas cambian, cambian tanto
que empiezo a pensar que ya no pintaré
las nubes rosas en el techo de mi cuarto.
Mi alma sufre, se revuelve,
gime, grita, llora, muere
porque sabe que no habrá nadie
cuando el teléfono descuelgue.
Las cosas cambian, tantísimo
que ahora que necesito vomitar palabras,
en vez de llorarlas, las escribo.
Las cosas cambian, con tal rapidez,
que yo, que jamás antes he fumado,
exhalo el humo de las promesas rotas
terminando cigarrillos de diez en diez.
Y aquí me ves,
escribiendo en un cuaderno
que debería estar vacío,
llenándolo con desánimo
que ayer eran sueños míos.
Y es que las cosas cambian tanto
y este mundo gira tan deprisa
que yo me pregunto qué fue lo que pasó,
si todo aquello se lo llevó la prisa.
Miro y pienso:
"joder, esto no es tan malo"
pero sólo me viene la inspiración
cuando camino por el pasado,
por los sueños perdidos,
por los amores prohibidos.
¡Ay! Si hubiéramos pensado menos
y sentido más...
Pero para qué hablar,
si tú ya conoces todos esos cuentos.
Hoy te vengo a contar
que las cosas cambian,
pero que yo sigo siendo la misma:
que al hablar no calla,
que al escuchar comprende,
que te echará una mano
si tu cerebro prende.
Sólo tienes que pedirlo,
que ya sabes dónde estoy,
con un cuaderno en la mano
y miles de sonrisas para ti.
Porque las cosas cambian,
pero sólo algunas.
[PD: la historia de Merlina la seguiré más adelante, a semipetición de una persona. Y a petición completa de otra XD]
lunes, 26 de mayo de 2008
La realidad hecha relato.
Me gustaría poder sentarme en un banco de una calle y escribir las cosas que pasan frente a mis narices. Tal vez la trama no sea muy buena (total, no habría continuidad, sólo sería un trozo de calle), pero quedarían reflejadas muchas cosas de la vida cotidiana.
A veces hago un ensayo de esto que estoy diciendo: me pongo a escuchar a la gente por la calle. El otro día, sin ir más lejos, escuché a una niña diciéndole a su padre: "papá, ¿y aquí hay lobos?" Pobre ilusa... acababa de cruzar una carretera de Madrid... ¿qué lobos iba a haber allí? El padre no sabía qué cara poner para no decepcionar a su hija.
¿Para qué necesitas más fantasía cuando tienes las palabras de una niña? ¿Para qué más ritmo si estás escuchando su tono de voz ilusionado?
A menudo nos paramos a buscar la belleza en lo más complicado: busca formas extravagantes, colores chillones, y composiciones imposibles. Y total, ¿para qué? La vida es la vida. La vida... es vida. No le busques un adjetivo a eso... símplemente vívela y ya habrás cumplido todo objetivo. disfruta de lo que tienes... de esas cosas que son tan pequeñas que ni si quieras las recuerdas a la hora de recordar... pero ¿sabes qué? Eso es lo bello: poder vivir sin pararte a pensar, sin pararte a recordar que tienes que acordarte de esto o de lo otro... Dentro de unos años, una imagen te asaltará la memoria, y recordarás todas esas tonterías de un tirón.
ay, lo que me gustaría poder destruir todos y cada uno de los relojes para que el concepto del tiempo no existiera. Hace no mucho me di cuenta de que cuando mejor me lo paso es cuando no tengo la necesidad de mirar la hora: se me olvida todo, disfruto de lo que estoy viviendo... y se me olvida que existe el tiempo, no recuerdo qué eran eso de los minutos, y le regalo a las horas alas apra que vayan veloces. Sólo soy consciente de que el tiempo existe cuando de pronto empiezo a notar mis músculos más pesados, mis párpados vagos, y mi voz cansada.
Qué bonito sería escribir un relato en el que no se notara el tiempo, en el que el color de los zapatos de la protagonista diera lo mismo, en el que ni si quiera la historia fuese lo importante. Un relato en el que desapareciera hasta el espacio, describiendo sólo las acciones. Cuánto nos reiríamos y lloraríamos, cuántas emociones seríamos capaz de albergar sin necesidad de inventar esas emociones.
sábado, 10 de mayo de 2008
Reflexiones a través de la lluvia.
Siempre me gustaron las tardes nubladas, el frío que hiela el alma y la lluvia que cala hasta los huesos. Siempre lo vi todo más claro cuando la ventana de mi cuarto estaba manchada con las gotas de agua. Siempre pensé que algunas personas deberían salir a la calle y cantar y bailar bajo la lluvia, dejando al lado el estrés y las preocupaciones, viviendo como no han vivido ni vivirán en su vida; dejando que el chaparrón purifique sus almas y la ventisca se lleve todo el peso que soportan innecesariamente. Pero también tuve siempre el suficiente sentido de la realidad como para saber que hay gente que jamás se atreverá a andar sin paraguas bajo las inofensivas gotas.
El libro, desde la mesa, me grita que le preste un poco de atención y yo, que soy más terca que él, le grito que me deje en paz: que no me apetece pensar en guerras civiles y en repúblicas que no cuajaron; que me apetece pensar en la república venidera, la que triunfará definitivamente; que me apetece seguir construyendo castillos en el aire. Así sonrío, aunque no sé hasta cuándo. Puta felicidad del tonto, pero felicidad al fin y al cabo.
Yo, como los delinqüentes, también veo Trabubus de vez en cuando. Pero los míos viven en la lluvia, y me susurran cosas, verdades; a veces son malos y me susurran alguna mentirijilla que yo acabo creyéndome. Claro, así luego las hostias que me meto son chiquititas... pero sin hostias, no hay aprendizaje y me encanta saber, conocer, poseer, admirar, dominar... follarme a las mentes. ¿Cómo iba a ser capaz de follarme a las mentes sin conocer sus trastornos? ¿Cómo iba a ser capaz de conocer los trastornos sin saber lo que causa dicho trastorno? ¿Y no es verdad que cuando sientes algo en tus propias carnes lo aprendes con mayor facilidad? No estoy diciendo que me guste llevarme golpes... pero a veces son necesarios; a veces, llega un momento en que tienes que dar gracias por todos los tropiezos que has sufrido en tu vida.
Miradme, es que ya no sé ni lo que digo... esto tiene que ser culpa de la lluvia.
[Lluvia en soledad, Celtas Cortos] http://goear.com/listen.php?v=9f513df
martes, 6 de mayo de 2008
Venga, tío, ponte en pie. No seas patético, que esto no es para tanto. La vida consiste en vivir: sólo eso. La vida consiste en elegir cómo vivir. No dejes que agarren tu muñeca y te dirijan hacia donde no quieres, ¿o es que acaso quieres ser como ellos? No, claro que no quieres, pero lo eres. sonríes a esas cosas que odias por seguir ahí. ¿Sabes el significado de la palabra "orgullo"? ¿sabes qué quiere decir "tener principios"?. Si lo sabes, estás haciéndote el loco, prefieres no estar solo... siento defraudarte: estás en este mundo sin nadie más, ni si quiera te tienes a ti mismo, tu yo te ha abandonado porque le daba vergüenza quedarse contigo, observando algo que sabe que no es. Tu alma ha muerto, y tú sigues ahí, sin intentar reanimarla.
¡Eh, despierta, que te estoy hablando a ti! estás haciendo como siempre: huyes. Te tapas las orejas con ambas manos, agachas la cabeza y andas a paso rápido hacia la puerta de la falsa seguridad; cuando te pregunten, sólo tienes que decir que era un loco más, que se le había ido la pinza, que quería agregarte a su secta... ya ni si quiera recuerdas que tú antes eras así, ¿no? Ya ni si quieras recuerdas lo que es sonreír sin miedo a ser descubierto.
Sigue así, yo tengo la conciencia tranquila, yo río a carcajadas, y me importa una mierda lo que digan de mi risa. ¿Y qué si es estruendosa? ¿Y qué más me da a mí que a ellos les parezca que por lo que me río es una gilipollez? Yo SÍ soy feliz... ¿qué me puedes contar tú sobre la felicidad? ¿Qué me puedes contar tú sobre TU felicidad?
domingo, 13 de abril de 2008
Tiempo
Bien, yo no lo sé. No lo vengo a discutir, porque yo no tengo reloj, y nunca usé uno por lo que no soy la más indicada para discutir esos temas. Lo que si que creo con firmeza es que los relojes son como los griletes que se les ponen a los presos. Conocí a un tipo muy interesante en una estación de tren, iba descalzo y llevaba un sombrero de copa raído, me dijo que las horas eran algo tan arbitrario... me lo dijo con un brillo muy especial en la mirada, y un tufillo particular en el aliento. La gente se apartaba de él, pero yo me senté a su lado, a escuchar las historias que tenía que contar. Me confesó muchas batallas, batallas físicas y batallas del alma. Y escuché entera su teoría acerca el tiempo, aunque ahora, mi mala memoria no me permita reproducirla... es una verdadera pena, ilustraría muy bien lo que quiero decir.
Lo que sí recuerdo con todo detalle es que el tiempo, más que actuar como medicina, en él había hecho muchos destrozos, las profundas arrugas de su frente y el cano color de su barba así lo atestiguaban. Cosas maravillosas le habían pasado durante su larga vida que le habían otorgado el halo de sabiduría que ahora le rodeaba, y el tiempo todo le había arrebatado. Él negaba enérgicamente cuando yo le hacía esa apreciación, y me decía, con la voz cascada, que el tiempo le había devuelto su juventud. Yo reía, no le entendía, empezaba a pensar, como el resto, que estaba borracho, tal vez loco. Pero él insistía: el tiempo no le había quitado nada, él mismo lo había dejado atrás, el tiempo sólo le había puesto en el lugar que merecía por haber hecho caso omiso a lo que un día tuvo; se lamentaba porque no se dio cuenta antes, pero se alegraba por haber acabado así: sin nada, tenía la vida que le quedaba para volver a empezar, y por eso era joven. Yo ya no me reía, le miraba con los ojos desorbitados, pensando en cada palabra que me había dicho y pensando que no estaba tan loco al fin y al cabo; ya no sabía qué pensar, ni del tiempo, ni del viejo, ni de nada.
El hombre se levantó de nuestro asiento, y me dejó allí, pensando en sus palabras, y sin un tren que coger... pues se me había pasado la hora de subir a él, y yo ni me había percatado.
Curioso esto del tiempo, tan subjetivo...