martes, 23 de diciembre de 2008

¿Qué pasa, Humanidad?

Estoy perdiendo dos de las cosas que mejor se me dan y que más me importan en mi vida: la primera es el don de la escritura, lo que se llama duende en el flamenco, flow en el rap... lo que sea, lo he perdido. No se me ocurren temas, si se me ocurren temas no me salen las palabras, si tengo las palabras ahí, son una tontería, si la tontería es la mayor genialidad que se ha pasado por este cerebro en toda su vida, entonces me despierto y me doy cuenta de que estaba soñando.
Y no hablemos de sueños... que me pongo de mala leche. ¿Será posible que lleve cosa de tres ó cuatro meses soñando sobre lo mismo y, de pronto, cuando el sueño se hace realidad yo no sé qué coño hacer? Normalmente idolatro a Futurama, pero los guionistas se lucieron cuando escribieron que nada es imposible si te lo imaginas en un sueño.
Aquí puedo enlazar con la segunda cosa que últimamente no me sale ni a la de tres: entender a la gente. ¿Qué os pasa, humanidad? ¿Os habéis vuelto loca de repente? ¿O es que me he vuelto yo cuerda de pronto? Porque no entiendo nada. Absolutamente nada. Sucesos inesperados por todos los lados hacia donde mire. Inconexas situaciones. Ilógicas actuaciones. ¡Centráos, por Buda! Ya sé que esto de la crisis es para alterarse, pero no tanto. Es que la gente no saber controlar sus gilipolleces.
Cada día tengo más claro algo, y es que a veces pienso que la gente es idiota, que una ola de estupidez los ha arrasado a todos, pero todo se confirma cuando los oigo hablar/los leo/los observo.
Puede que las dos cosas se fusiones, y como no soy capaz de entender mi alrededor, no soy capaz de describirlo. Quién sabe.

A veces también pienso que de pronto yo me he vuelto demasiado exigente, demasiado egoísta, demasiado estúpida o demasiado razonable... "¡Qué coño! ¡Que no! ¡Que son Elllos!" es lo que contesta mi voz interior a ese pensamiento.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Se abrazaban. El frío bailaba con sus huesos. A ella le castañeaban los dientes, pero procuraba que él no lo notara. Él se movió un poco, lo justo como para poder mirarla a los ojos. Seguía cogiendo sus manos, el único sitio del cuerpo en el que tenían algo de calor. Ella parecía no darse cuenta de que él estaba con sus ojos fijos en ella, pero sí se enteraba. miraba hacia el cielo, le gustaba ver las estrellas que salen a última hora de las tardes de verano, cuando el cielo aún tiene ese color azul que queda tan bien en las fotografías. Él suspiró, llamaba su atención con un ruido, aunque no sabía si ella se daría cuenta. Ella le miró, él sonrió.

-¿En qué piensas? ¿Por qué me miras así? -dijo ella, como si acabara de darse cuenta y se sorprendiera.
-Cuéntame... ¿Cómo es tu hermana? -preguntó tras titubear un segundo.
Hubo un breve silencio incómodo que se hizo eterno.
-¿De verdad quieres escucharlo? -sonrió, pidiéndole en silencio que no le hiciera hablar de ello, pero afirmándole que le contaría la verdad si él quería escucharla.
-Quiero decir... sólo si quieres. Sé que no te gusta hablar de ello...
-Entonces, gracias.

Otro silencio incómodo, no solían tenerlos, no estaban acostumbrados, siempre tenían de qué hablar, de qué bromear, de qué filosofar. Ella suspiró.
-Verás... -le empezó a decir- Yo la quiero, es mi hermana, pero... es complicado, demasiado complicado.
-Puedes confiar en mí.
Ella negó con la cabeza, como diculpándose.
-No, no. No me malinterpretes, no es por ti. Es, simplemente, que hay cosas de las que no me gusta hablar. Es como si quisiera demostrarme algo a mí misma... -Ella le miró, para comprobar en su expresión que él no estaba entendiendo nada- Verás... la vida no es ni blanca ni negra. No creo que por tener cosas malas en la vida, la vida sea mala, ni al revés. Mi vida... bueno, mi vida es compleja.
-Creo que podría llegar a entenderte, si te explicaras mejor.
-Mira, yo te he contado muchísimas cosas de mí, y creo que has visto que no me importa. Me gusta que intercambiemos experiencias pasadas duras, y también las buenas. Mis padres no han sido siempre mi mejor ejemplo; aún tengo clavados puñales en la espalda de antiguos amigos demasiado efusivos; me han roto el corazón un par de veces, de la forma más dolora que yo jamás imaginé...
Él la miraba atento, con ojos tristes, pero firmes.
-¿Quieres decir que tu vida es dura, pero aún así luchas?
Ella rió.
-No, para eso no te estaría soltando toda esta charla. Quiero decir que, a pesar de haber tenido todo eso, también tuve siempre unos padres que me cuidasen y me educasen; tuve amigos que me escucharon y secaron mis lágrimas cuando hizo falta; tuve el más dulce amor durante algún tiempo, y volví a tenerlo otra vez, de una forma tan distinta...
-... tu vida es equilibrada.
-Exacto. Tal vez haya llorado más veces que he reído. Pero la risa siempre ha tenido mucha más fuerza y mucho más valor. Simbólicamente, podría decirse que por cada cien risas que han salido de mi boca, sólo dos lágrimas han salido de mis ojos. Y la segunda era de reírme.

Ambos sonreían. Él lo entendía perfectamente.

-De todos modos, eso no tiene nada que ver con lo de tu hermana... no te estoy pidiendo que me lo cuentes -se apresuró a añadir.
-Sí que tiene que ver. Mi hermana es algo para mí que obstaculiza ese equilibrio que quiero que percibas. Si ahora te contase cómo me ha tratado esa persona, tú me tomarías por una desdichada, y no lo soy. soy una persona con mucha suerte: hay gente peor que yo que no tiene nada de suerte. Pronto se te olvidaría que soy una persona optimista con la que poder reír, una persona que va más allá de lo que se ve y quiere ver más allá contigo. Se te olvidaría todo eso, te obstruirías con mi información y tú escaparías, a lo mejor inconscientemente, a lo mejor a sabiendas de todo... pero acabarías huyendo, pensando que no tenemos nada en común.

Él volvió a abrazarla. A ella le caía una lágrima caliente por la mejilla helada.
-Yo no te voy a dejar nunca -susurró él.
-Sí, lo harías si yo hiciera las cosas mal.
-¿Cómo lo sabes? ¿Cómo lo dices con tanta seguridad?
-Porque si no fuera así... -ella cogió aire- ahora mismo, esto sería una escena real, no estaría soñándola.



Ella despertó en su cama, en ese invierno extraño. Estaba destapada, en posición fetal, con las manos entre sus piernas. Eso explicaba todo el frío en el cuerpo excepto en las manos. Lo que no era capaz de explicarse era la desazón que sentía, la soledad repentina, el miedo, y la lágrima que rodaba por su mejilla helada.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Lluvia

Llevo un rato intentando expresar lo que estoy sintiendo en estos días. Pero no se me ocurren ni palabras adecuadas, ni formas entendibles. Al final he desistido, y sólo quiero decir que:

Me apetece salir a la calle, y bailar bajo la lluvia. Y que se me mojen las gafas si quieren, que nada me importa en estos días porque las cosas vuelven a estar del derecho.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Sé..., pero...

Sé que hay cosas bellas, pero me tapo los ojos con dos manos para no verlas. Sé que el cielo es azul, pero lanzo bocanadas de humo al viento para que vaya a juego con mis ánimos. Sé que no debería quedarme quieta en el camino, pero ya he gastado todas mis provisiones y he disparado todas mis balas y me da miedo morir si sigo. Sé que hay gente que me escucha, pero no quiero hablar. Sé que hay gente que me habla, pero no quiero escuchar. Sé que hay canciones flotando en el aire, pero no me apetece bailar. Sé que no podré, pero sólo tengo ganas de dormir y no despertarme hasta que mi mundo vuelva a ponerse al derecho.

Hoy todo es una mierda, mañana será otro día.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Sé bien.

No me gusta que te alejes, porque te quiero. Y además...

martes, 2 de diciembre de 2008

sonrisa común.

Pues me siento bien, oiga. Y me apetece gritarlo a los cuatro vientos, y quedarme muda y sorda al gritarlo. Y querer a todo el mundo, y abrazar a todo el mundo, y darle la espalda a todas esas cosas que me preocupan porque ahora no es el momento de preocuparme. Y que le jodan a aquellos que intenten hacerme ver que la vida no es bella, que a pesar de los golpes que me ha atestado, yo sé que tiene buena fe. De todo se aprende: de Ella aprendí que la amistad no es para siempre, que no todo es certero. De Él aprendí que hay más de una forma de amar y que casi todas son válidas. De otra Ella que, a pesar de la ausencia de certeza, se puede estar seguro de algunas cosas, aunque pocas. De otro Él que la sonrisa es importante, que el buenrollismo es el motor de esta vida puta. De la pequeña Ella aprendí que la lucha contra las dificultades se puede ganar a base de carcajadas. Del desafortunado Él que la vida hay que cogerla por los güevos, sin dejarla saltar por la ventana y que no hay que dejar pasar la oportunidad de decir lo que se siente.

Ha habido tantos Ellos que me creo con la obligación de haceles justicia no dedicándoles un blog, sino dedicándoles mi forma de vida, mi paso a paso, mis fuerzas, mis reflexiones. Esa sonrisa es tuya, y tuya, tuya también. De todos. De absolutamente todos.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Relación de amor y odio.

El insomnio volvió. Es curioso que reaparezca justo cuando pienso en ti. Tú me decías que el insomnio era malo, yo me reía y te decía que quería experimentarlo, tú me agarrabas de la cintura, me hacías cosquillas, me decías "no seas mala"; yo te miraba, te besaba y te decía "me he cansado de ser buena"
Pero ya lo ves, tú dijiste muchas cosas, yo dije otras tantas... y al final en realidad no hablábamos de nada... y eso era lo que amaba: no conocerte y sentirte. Sin embargo ahora todo ha dado un giro inesperado, como si de una película de Tarantino se tratara; ahora te conozco y lo siento, jamás debí de hacerlo. Que yo en mi cueva estaba tranquila, superando paso a paso que la primavera finalmente desapareciera para dar paso al invierno.
Mundo al revés y tú lo colocaste... quiero decir que lo intoxicaste con promesas de tus ojos, con la fuerza de tus manos, con el veneno que yo buscaba. Hasta que pagué las consecuencias. Nunca antes había helado, y ahora si me descuido me resbalo.

Una putada, hablando claro.

Pero tal vez no supe ponerme en tu piel. Tal vez no quiera ponerme en tu piel. Quizás me horrorice ponerme en tu piel. Y decirte que extraño tu olor. Y decirte que te espero vigilante. Y decirte que echo en falta que me digas cualquier cosa. Y después de eso, decirte que mi pluma tiene frío, y que tú ya no la interesas. Y, sobre todo, quisiera rogarte que desaparezcas.

Miedo, tú ya no pintas nada aquí.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Nuevos horizontes.

Podéis llamarme posesa, obsesa, maniática o simplemente triste, pero he creado otro blog. Son un vicio para mí (sólo tengo dos, pero bueno, así empezó la vieja de los gatos, con sólo dos mininos preciosos...).
En realidad, me apetece escribir otro tipo de cosas, voy evolucionando. Cada vez se me hace más difícil describir mis sentimientos o inventármelos, pero no quiero perder la costumbre de crear palabras, así que, pensé que ya era hora de hacer uno de esos blogs donde se cuentan cosas de la vida diaria, no tan literarios, no tan ocultos tras metáforas. Uno de esos blogs simples y reales. Eso es lo que yo he creado.

No abandono éste, ni si quiera lo aparto, son cosas distintas, enfoques diferentes, y no quiero mezclar porque lo que he creado aquí durante todo este tiempo me gusta. Y, de vez en cuando necesitaré volver a lo literario, a las metáforas, a los sentimientos profundos...

Si a alguien le interesa, estoy aquí: http://vaivenesatormentados.blogspot.com/

lunes, 10 de noviembre de 2008

Necesidades Básicas.

Un abrazo, un beso, una caricia, una sonrisa, un polvazo a media tarde, una noche de lluvia, una buena guitarra, una triste canción, una melodía alegre, un brindis, un día de amistad, una confesión, un susurro, unas cosquillas, una película con final feliz, un poema desordenado, un pensamiento fugaz, un recuerdo oprimido, esa calle, un chiste absurdo, una reflexión, una caída, una punzada de dolor, una ráfaga de viento, una llamada, un sabroso plato de comida, una metáfora desgastada aunque sea... no sé, algo que me haga sentirme viva.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Ahora que el frío me congela las manos y los pies, a mí me entran ganas de bufandas de esas enormes que dan tres vueltas al cuello, de tomar chocolate caliente, que calienta la garganta, las manos y el corazón.
También, con esta oleada de frío me da por mirar a la gente que va bien abrigadita por la calle, con chaquetas largas, con guantes, con orejeras, con botas altas... con hiyabs... Sí, eso, con hiyabs (o velos islámicos) en verano tienen que ser una tortura, pero en invierno... tiene que ser una bendición.
Si sois un poco observadores, veréis que trato el hiyab como si fuera un simple trapo de vestir y bien... pese a las críticas que pueda recibir diré que sí, yo lo considero una simple prenda de vestir. El caso es que con esto de la entrada del invierno, además de congelárseme las manos y los pies también se me congeló un poco el cerebro, y ayer me dio por calentarlo. Me crucé con una chica islámica ( que reconocí por el pañuelo en la cabeza, no es que yo sea una experta en religiones) y un pensamiento me cruzó de pronto: "¿cómo puede ser que aún sean capaces de llevar eso? ¡Debería de estar prohibido!" Entonces saltó la alarma dentro de mí, me vi a mí misma representando todo aquello que siempre he odiado: que se use como excusa una prenda para señalar con el dedo y decir que es una cultura machista y atrasada.
Con esto no quiero decir que en realidad no lo piense, me refiero a que no lo pienso porque lleven el pañuelo, lo pienso porque es verdad. Pero ¡ay, señores! si nos parásemos menos a mirar lo exterior y empezáramos a mirar lo interior. A un rapero nadie se atreve a decirle que se compre pantalones ajustados, ni a un gótico se le dice que se ponga ropa de color naranja; es todo cuestión de subculturas, ¿por qué la sociedad no es capaz de entender que el hiyab es un símbolo de su cultura? Se escudan en que es una cultura machista, y yo no se lo niego, qué va, lo que no apruebo es que ponga tanto empeño en cambiar lo exterior y se paren tan poco a mirar el interior.
Me parece de lo más hipócrita reprender a una niña por llevar pañuelo en la cabeza y a otra que lleve un colgante con una cruz se le diga que es 'mona'. ¿El cristianismo no es machista? Me parece que habría que recordar esa historia del pecado original.. ¿quién tiene la culpa de que los humanos estemos castigados? ¡Oh, Eva! ¿por qué? ¡Vaya, por llevar la tentación en sí misma! Mirémonos más al ombligo, que lo tenemos un poco abandonado. Miremos los anuncios televisivos, miremos la discriminación positiva que favorece a las mujeres (a mí, personalmente, que lleve el calificativo "positiva" me parece más deplorable aún). La úninca diferencia es que aquí se esconde más ese machismo.

Si se quisiera solucinonar esto de verdad, se haría por otros medios, se harían conferencias, se daría la opción de elegir. Soy de la opinión de que un por la fuerza no vale nada ante un por la razón. Soy de las que opinan que se debe mantener a la gente informada proque como dije anteriormente, la información es poder. Si las mujeres islámicas supieran las posibilidades que tienen,de una forma bien argumentada, nada de "oh, te hará más feliz", seguramente la mayoría elegiría no llevar esa prenda que tal vez represente la represión. Y quizás otras muchas decidieran seguir llevándolo por su cultura, aunque despreciarían la faceta machista de ésta y poco a poco, pasito a pasito, cambiarían la visión de una forma mucho más cimentada.

Ahí os lo dejo, pensad sobre ello. Y para ayudaros, una perlita de la historia del cortometraje, a mí, me dejó impresionada, desde luego:

Hiyab, Xavi Sala: http://es.youtube.com/watch?v=MsITLQASqiE

martes, 14 de octubre de 2008

Que me da lo mismo.

Está muy visto el "a veces yo.." para empezar un poema.

Estoy cansada de mirar por la ventana en busca de inspiración.

El "me pregunto si..." ya ha perdido todo el sentido para mí.

Y en mi cabeza resuena aquella vieja y desgastada canción

que cuenta mis tristezas del pasado, y mi lastre del presente.


El futuro se pinta de colores chillones,

pero me falta descubrir si chillan de dolor,

de locura

de tristeza

o por pura desesperación.


No encuentro mi ritmo para estos versos,

y poco me importa.

He decidido que las costumbres no están hechas para mí

porque yo no sé estar parada como ellas se mantienen.

Y no quiero conjugar los verbos como tendría que hacerlo,

no me parece una buena forma de expresarme.


No creo en la certeza,

ni en el "seguramente"

Sería rendirme a la tranquilidad,

pero no busco estar estable.


Me gusta mi rareza,

mi vida frenética,

mi rutina insensata,

mis versos inacabados.

No saber qué voy a hacer

luego, o ahora mismo.

Que no me importe el qué,

ni el dónde, ni el cuando,

y mucho menos el por qué.


Alma enfrascada en misterios

resueltos por el tiempo,

de camino al mañana.


Sonrío sin conocimiento de causa,

y lloro por saber el final.

Sufro con los planes inamovibles,

me hincho si salen mal.


Y ahora que se acerca el momento

de dejar caer el telón aquí,

prefiero desaparecer entre bastidores,

a ser yo quien decida

cómo tiene que acabar.

sábado, 11 de octubre de 2008

-¿Te apuntas a lo del Plan Bolonia? -¿Y eso dónde está?

Creo que por primera vez voy a tratar aquí algo político. Y quizás sea la última también.

No pienso intentar convencer a unos u otros de nada. Mi intención no es hacer ver mis ideas políticas (aunque seguramente quedarán claras a lo largo del escrito). Lo que pretendo es concienciar de la importancia de la información.

Sí, yo soy de las que opinanq ue la información es poder. Una pistola se puede disparar contra uno mismo, el dinero acaba desapareciendo, pero la información sólo es peigrosa cuando está equivocada. Por desgracia éste es nuestro castigo por la era informática que vivimos: Internet puede ser un buen aliado, y
el peor de nuestros enemigos. Hay que saber esquivar, seleccionar, entender y ser críticos. Con todo esto, lograremos formarnos una opinión sobre una base firme.

Con el Plan Bolonia se está viendo muy claramente esto que digo. La gente no sabe de lo que habla, y ya está en contra, o escuchan hablar a sus papás de ello, y están maravillados. Pero, ¿por que no se saca información de otros lados? ¿Por qué somos tan vagos que no somos capaces de buscar nosotros mismos? Hay páginas que redactan a la perfección, desde un punto objetivo lo que es el EEES, pero claro, muchos oyen hablar del Plan Bolonia sin saber qué cojones significan esas siglas. ¿EEES? ¿Qué es eso? Eso es a lo que tendremos que adaptarnos todos de aquí a uns años, y si no es para nosotros mismo será para nuestros hijos, o para amigos más pequeños. Se habla de la dureza de las pruebas, de la exigencia, de la privatización, de la inaccesibilidad económica. Pero ¿por qué no se habla claro de todo eso? En los informativos no se da suficiente información, de hecho, no se da ningún tipo de información, sólo se habla de crisis, pero ese es un tema que tampoco dejan claro.

Se convocan huelgas en contra de Bolonia, y eso es algo con lo que ya me hierve la sangre del todo. ¡Por favor! ¿Una huelga convocada por el Sindicato de Estudiantes? En el Sindicato lo único que hacen es planear cuándo les viene mejor perder clase y allí colocan huelgas sin sentido. ¿Por qué no ese Sindicato, tan estudiantil y que tan preocupado está por nuestro futuro académico no se dedica a repartir panfletos con una información fiable y objetiva del EEES? Luego nos quejamos de manipulación por parte de los medios y por parte del gobierno, pero lo único que hacemos es repartir papelitos del tamaño de media cuartilla que ponga: "CON BOLONIA VAMOS HACIA ATRÁS". Y en vez de escucharse de parte de los estudiantes algún "por qué?" o "me informaré" se escuchan: "pues es verdad", "pues hagamos huelga".

Me repatean los hígados todos aquellos que dicen: "No haremos nada, pero es una buena excusa para saltarnos clase y fumar petas" (esto es verídico 100%). Así, vosotros seguid fumando petas, que llegará un momento en que seais justo lo que quieren: personas sin capacidad de decisión y fácilmente manipulables. Cuando esto se note y el mundo sea de quienes estábamos en contra, entonces lloraremos por no haber hecho nada.

Por favor, más información, más decisión y declaración de principios. Menos pose de niños progres por fumar poros al lado de rojos que no saben por lo que luchan.

¡Blah!

miércoles, 8 de octubre de 2008

Nexos copulativos y una pregunta trascendental.

Y hacerse un disfraz con jirones de un pasado que ya no me pertenece. Y pensar que en realidad no me importa, y llorar por dentro mostrando una sonirsa un tanto amarga que nadie discierne de las de verdad. Y sentarme en la cama a ver cómo pasa el tiempo burlándose de mí y de ti. Y mirar al techo y saber que no me importa. Y sentirte más cerca que nunca y tener la seguridad de que es la mentira más gorda que jamás he contado a nadie; y es irónico que sea precisamente a mí misma a quien engaño.

Y optar por dormir sabiendo que mañana será otro día, mucho más bonito que hoy, en el que los pajaritos volverán a cantar, tú volverás a reír y yo volveré a ser yo.

Y querer y amar y desear y anhelar y que todo sea como antes, antes de que te conociera, pero conociéndote.

Y que nada de esto tenga sentido en el mundo práctico y que aún así me importe un bledo.


¿Qué es un bledo?

sábado, 4 de octubre de 2008

Es todo por hoy.

Creo que ya lo he dicho alguna vez, pero envidio a aquellos a los que los versos les fluyen por todo el cuerpo, yo no soy así. A mí me fluyen los pensamientos, a todas horas, pero qué genial sería poder expresarlos de otra manera que fuera no esta prosa aburrida que emana de mí. Escuchar a rockeros con letras de plata, a raperos con esa poesía tan urbana y humana, leer poemas de almas nóveles bohemias y optimistas y pensar que llegarán lejos con sus palabras. Yo sé que jamás seré capaz de eso, conozco mis limitaciones, y me abruman; pero qué se le va a hacer, yo soy ésta y a mí me sale esto. A algunos les gustará y a otros no, yo no puedo (ni quiero) cabiar impresiones, no sé más que mostrarme tal cual soy: un poco estúpida a veces; muy insegura siempre, sobre todo con lo que a mí se refiere.

Creo que tengo insomnio, y no, no me gusta, siempre creí que eso debía de ser algo guay, pero no lo es. Demasiado tiempo despierta da tiempo a darle vueltas a la cabeza, a asegurarme mi inseguridad. ¿Poca autoestima? No lo creo, no me gusta la gente que se subestima, y yo me gusto a mí misma, así que... dos más dos cuatro, pero sólo a veces. Otras veces dos más dos no tiene solución, otras, dos más dos es algo tan complejo que prefiero no pensar en su resultado. Huyo de ello, porque también soy un poco cobarde. Y eso no me gusta tanto; de hecho, creo que es lo que más odio de mí misma, pero sigue formando parte de un todo, y yo no soy nadie para desequilibrar un todo. Negativo, positivo... ¿qué sentido tendría el uno sin el otro? El mismo que la muerte sin la vida. Una palabra tiene sentido siempre que tenga un antónimo y eso es lo mismo que ocurre con las actuaciones, con la personalidad, con todo.

Todo. Todo. Todo. Maldita palabra.

Esto no es nada, pero es todo lo que puedo ofrecer. Esto es todo.

miércoles, 1 de octubre de 2008

De lo eclarecedor de la agonía y lo hiriente de la alegría.

Me apetece escribir algo alegre por la gente que se preocupa por mí, por mi intermitente tristeza, y por mí misma.

Siento que ya no me salgan cosas de esas que te hacen llorar de felicidad por recordar buenos momentos, el tiempo maltrata el pensamiento, y eso que no soy vieja.

Quiero descrubrir, redescubrir, redescubrirme. Ya es hora y, modestia aparte, me lo merezco.

Sentir que tengo el mundo bajo mis pies es una de las sensaciones que más se repiten, junto con la sensación de soledad, en mi cabeza. Ese increíble poder de invencibilidad, de autosuperación, de autocrítica constructiva, de saber que se pueden volver a contruir las cosas que se tiran.

Soy una persona optimista, de verdad que sí, pero alguien dijo alguna vez que es más fácil escribir cuando las emociones desbordan el alma, y eso suele ocurrir cuando nos sentimos abatidos. Somos así de egocéntricos, de estúpidos, de ignorantes: no sabemos apreciar lo bueno, sólo le damos importancia a lo malo, o, al menos, se la damos con más fuerza. Vemos más claramente cuando algo nos duele que cuando estamos agusto con una situación. Tontería, pretensión, prepotencia. Sólo nos duele lo nuestro, no somos capaces de ver lo afortunados que somos... hasta que es demasiado tarde.
Las cosas las apreciamos cuando ya no están. Cuando nos damos cuenta de que se han ido para siempre lloramos por ellas, y eso es lo que hace que parezca que suceden más cosas malas en el mundo en proporción con las buenas. En el fondo yo no lo creo, yo pienso que un amanecer es algo maravilloso, algo más intenso que una dolorosa despedida, pero yo también soy humana, así que me doy cuenta de ello cuando es demasiado tarde, cuando la noche se cierne sobre mí.

Y el pasar tiempo contigo me hace darme cuanta de esas cosas buenas, casi insignificantes para muchas personas, porque hasta lo más mínimo alegre se intensifica, y lo más triste desaparece. Y de esto también me di cuenta cuando ya fue demasiado tarde; qué suerte tener una segunda oportunidad y querer aprovecharla al máximo. Gracias por preocuparte por mí, ya ves que estoy todo lo bien qe se puede estar; y si tengo días tristes es porque a veces la oscuridad gana al rayo de luz y no puedo evitar ver los colores en blanco y negro y no sacarle ningún partido a ello; pero en general, lo veo a todo color.

De nuevo, gracias.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Big Girls Don't Cry.

Las palabras me queman la garganta, el estómago, el apetito y las ganas; pero no soy capaz de averiguar cuál es su significado, no puedo ordenarlas en mi conciencia. Luz, oscuridad, soledad, agobio, ansiedad, impotencia, fogonazo, claridad, reputación... apariencia.
Noto una lágrima deseosa de escapar, pero la apreso en la mirada por miedo a que me corra el rimel. Apariencia ante todo.

Un día de estos saldré a la calle luciendo maquillaje por ropa interior, seguridad como zapatos, dolor como pantalones, como camiseta un combinado de hastío y como capa una verdad absoluta. Entonces no habrá ni una migaja de piedad.

martes, 9 de septiembre de 2008

Para ti. Y sólo para Ti.

Podría ponerme a intentar escrbir versos a diestro y siniestro, como si estuviese indignada con el mundo, como si la vida fuera una mierda. Podría escribir los versos más tristes esta noche, que diría Neruda, pero me niego a ello. No quiero. No estoy indignada con nada ni nadie más que tú. Tú eres mi indignación, mi maldita espina, mi horrible dolor, mi palabra atragantada, mi muslo herido de bala, que no mata instantáneamente, desangra poco a poco, provocando sufrimiento.

La sonrisa ha ido desapareciendo, gracias a ti. Por supuesto, cuando estoy con gente, cuando tengo distracción, eres igual que un dolor de cabeza: lo olvido, y sólo molesta si alguien calla o lo recuerda. Pero sé disimularlo, lo puedo aguantar. Sin embargo, cuando el silencio lo inunda todo, mis pensamientos echan a volar hasta encontrarse de frente con tu maldito recuerdo. Y no hay asprina que valga, ni sueño que amortigüe, porque hasta en mi más profundo subconsciente te cuelas, con una sonrisa brillante y una frase preciosa.

No, no lo superé. No sé superarlo, porque nunca fuiste malo conmigo, hasta el último momento, al desaparecer. Pero ni con esas, ni si quiera tuviste el suficiente valor como para presentarte ante mí y despedirte como Buda exige: me dijiste un "hasta luego", con tintes de "nunca más volveremos a vernos". Y así me dejaste, como si pudieras dejar un post-it colocado en algún sitio de tu voz que me dijera suavemente: "Hasta nunca" mientras tú susurrabas "ya nos veremos".

No quiero preguntarme qué pasó, pero ya ves que lo hago. Claro que lo hago. Soy una persona compleja, ¿lo recuerdas? Yo sí, a la perfección. Recuerdo las caminatas a la luz de unas farolas mal puestas, las conversaciones filosóficas sobre todo y nada, mis teorías y tus idealismos. Lo recuerdo todo, ¿tu lo has olvidado? Una maldita mente compleja, a medida de la tuya, o eso pensaba yo. Pero por lo visto, mi pensamiento complejo es sólo del primer nivel, frente al tuyo que es del último, por eso jamás lograré entender esto, ni entenderte.

Y ojalá lo leas. Y ojalá te duela. Y ojalá lo sientas todo de golpe, como lo sentí yo, negándome a aceptarlo, pensando "no pasa nada", hasta que pasó y no pude obviarlo. Y ojalá te des cuenta de lo asquerosamente cobarde que has sido y de lo asquerosamente parecido a todas esas cosas que odias, a toda esa falsedad, a todo ese veneno de esta maldita sociedad que tú y yo un día, bajo unas nubes bailarinas, sentenciamos de locura, diseñando nuestro plan de educación perfecto, y nuestra jerarquía inexistente. ¿De verdad que lo olvidaste todo tan rápido?

De verad: ojalá se te claven estas palabras hasta el fondo de tu alma, con el justo veneno que las impregna.

martes, 26 de agosto de 2008

Personas especiales.

Qué triste es esperar días supuestamente felices para confirmar una realidad que sabías que estaba ahí. Triste y, al fin y al cabo, reconfortante, porque te demuestra que no estás loca y que no te entran paranoias espontáneas de vez en cuando.
Y aún así soy feliz, así que no me llaméis pesimista.

Hola, me llamo Patricia y soy una soñadora que vive en el mundo real.

viernes, 15 de agosto de 2008

Pensamientos en una fría mañana de agosto.

Acompañada por un perro con más suerte que yo, que huye de su ama, libre, cuando ésta a gritos le llama: "Lucky, a casa". Él no hace caso, se escuda en su identidad canina, no tiene por qué entender lo que le dicen. Ya me gustaría a mí... y es que, a pesar de ser muy perra, no me puedo hacer la sorda cuando gritan mi nombre a voz viva.
Intoxicada por el humo de mis pensamientos, que no me coloca si no en el sitio que debo estar. 'Deber', qué palabra más fea y tonta. Yo debo ¿qué? No le debo nada a nadie, nunca me gustó ser una morosa; ni si quiera me debo nada a mí misma: hago lo que puedo por no sentir este peso, es lo único que hago a mi favor. Y es que soy una poeta frustrada, engañada por el ideal "si quieres puedes", pero yo veo cómo los versos pasean ante mí, y yo con las manos de la memoria llenas de grasa: esos versos se me escapan.


Y aquí, mientras, yo sentada ya abandonada por Lucky y por su ama. Y así, como cada día, disfruto de este silencio en el que me encuentro sumida. Y no hay nada más aterrador que preguntar y encontrar un vacío como respuesta; o un gesto como pregunta y no saber qué contestar.
Pero no voy a llorar porque ya sabía que esto iba a pasar... de largo, como los trenes, hacia la estación de "nunca volverá". Qué rayada y sólo son las nueve (las diez como mucho) de la mañana; que si fuera por la tarde, yo estaría incluso alegre porque allí, en el mundo de los sueños, nunca jamás llueve; pero en la azotea de mi mente no paran de aparecer goteras, a cuentagotas... eso agota, ¿sabes?

Pero que te voy a contar si tú, como yo, lo entiendes. A base de bastonazos a las ilusiones y de abrazos inexistentes, hemos aprendido que no somos tan diferentes y que el secreto, no tan oculto, es pasar de la gente. Gente ruin, sin llantos, con sonrisas, sin sombras... sí, ya, esta vida no es tan fácil, seguro que algo tienen. Aunque la vida es sólo eso: vida, ni fácil ni difícil, ni bonita ni placentera. Lo hermoso es vivir, 20 años como pocos, o 70 como cualquiera; que lo importante aquí no es la cantidad, sino la calidad, y mucho más la intensidad.
¿Que con 18 años no te drogas, ni amas la música, ni si quiera follas? ¿Que no te comprometes por nada porque no quieres morir? Tío, deja de intentarlo, que ya estás muerto. Pínchate y compruébalo: no vas a ver sangre, como sangre vi yo salir de mis entrañas cuando arriesgué y perdí, y como sangro yo cuando la música termina. Y aquí estoy, en pie sobre una sola pierna, haciendo equilibrios y sonriendo con la fuerza que me queda. Cuando me llegue el momento de desaparecer, seguramente mi último pensamiento sea: "he sido feliz en este mundo de mierda y ahora me voy, que el infierno me espera".
Y es que si he conseguido superar una infancia de la que apenas guardo recuerdos (los quemé a la luz de unas velas, para no tener motivos de pelea); si he superado personas indeseables, personas buenas que tornaron en malas y personas, a secas; si he conseguido sobrevivir a personas de mentes cuadradas con bates redondos que no entienden de palabras, que no entienden nada; si he conseguido superar decepciones de sociedades calladas y esclavizadas sin grilletes a las que traté de remover por dentro, sólo por joder, por dar a entender lo que pienso y siento. Si he conseguido todo eso, ya sólo me queda esperar a morir sola, porque así se muere: con uno mismo. Pero no me llaméis pesimista, escuchadme hasta el final: uno no es sólo uno. Uno es con quien se cruza por la calle y le enseña lecciones, sin conocerse. Uno es todo por lo que se ha interesado, ha defendido y arriesgado. Uno, en su soledad, es mucho más que 20 que intentas ser uno.

Si eliges bien tus pasos y te paras a pensarlo, me darás la razón... algún día.

miércoles, 23 de julio de 2008

Un gesto ante el espejo.

[Recomendación de C.: escritura creativa, se te da un enunciado y de ahí debes sacar una historia. Ésta es la mía con el enunciado de arriba. Necesito opinión para saber si puede ser mandado a una profesora muy exigente de filosofía.]

Salió del despacho, sacó una reluciente y pequeña llave y lo cerró. Al tiempo que sacaba la llave del cerrojo, miró el rectángulo metálico pegado en la puerta, a la altura de sus ojos. "Sandra Domínguez". Sonrió al recordar cómo había exigido que le cambiaran el cartel que le pusieron al principio, sin la tilde correspondiente en su apellido. "Una abogada que se precie debe tener su nombre correctamente escrito en la puerta de su despacho" había argumentado.

Giró y se encaminó hacia el ascensor que le llevaría hacia la libertad, al menos por ese día. Llegó al rellano, apretó el botón y pacientemente esperó mientras repasaba su figura erguida en el espejo entre los ascensores. La falda del traje negro con raya diplomática que llevaba estaba arrugada, así que la alisó con un elegante movimiento de su mano derecha. Al fin sonó la música que anunciaba que el ascensor ya estaba allí, entró y apretó el botón, descubriendo que estaba sola; "ojalá sea así durante los 13 pisos restantes", pensó; estaba demasiado cansada como para hablar del mal tiempo con nadie. Una vez cerradas las puertas, siguió mirando su reflejo en el espejo. Ladeó la cabeza y pensó en hacer una de esas tonterías de niña pequeña, pero luego recordó que aún podía subir alguien en el ascensor y verla. Sólo quedaban 6 pisos pasa llegar abajo. Cuando estaba a punto de convertirse en el 5, el ascensor dio una pequeña sacudida y la luces parpadearon. Entonces la cabina se paró.
"Mierda" murmuró justo antes de darle al botón que tenía un dibujo de un teléfono. Una voz de hombre respondió: "Le atiende el servicio técnico. ¿Algún problema?". "Me he quedado encerrada en un ascensor, entre la planta 6ª y la 5ª". "Ahora mismo lo arreglamos, no se preocupe, señora, son 5 minutos". La mujer resopló y dio las gracias.


Volvió la vista hacia el espejo de nuevo y allí, se encontró con sus ojos que la miraban con el deseo propio de una cría. "Por Dios, Sandra, tienes 32 años...". Se miró los zapatos. el segundo resoplido llegó enseguida. Apoyó su cuerpo en la pared del fondo de la caja del ascensor. La cabeza ladeada, le devolvió la mirada cansada al espejo, y ella negó como prohibiéndole a su subconsciente que pensara más en ello. Tras 4 minutos eternos, la chaqueta ya estaba en el suelo, junto con el bolso, a la espera de que volviera a moverse el aparato.
Su mirada se dirigió hacia el techo y murmuró: "¿Por qué no? Aquí no hay nadie que pueda verme" Una vez tuvo claro eso, se incorporó, giró todo su cuerpo hacia el espejo y se miró fijamente. Muy lentamente, se cogió las mejillas y empezó a estirar de ellas, cada una hacia un lado. Poco a poco fue liberándose, fue sonriendo cada vez más. Sacó la lengua. Puso los ojos en blanco. Intentó chuparse la nariz, incluso intentó chuparse el codo, después de lo cual se rió a carcajadas. Hizo el orangután como había visto hacer a su sobrina en aquel mismo ascensor en una ocasión. Se lo estaba pasando extrañamente bien, tan bien que ni si quiera se enteró de que el ascensor se había vuelto a poner en marcha, hasta que la puerta se abrió.
La falda estaba arrugada y por encima de las rodillas, la chaqueta y el bolso continuaban en una esquina en el suelo. Tenía la mano derecha tirando de la oreja izquierda, y la mano izquierda tirando de la oreja derecha; los mofletes hinchados y los ojos muy abiertos, pero nada en comparación con como los tuvo sólo un segundo después, cuando descubrió que su jefe, el Sr. Astillo, la estaba observando, sin creer lo que veía. Rápidamente, se volvió a erguir, alisó la falda y el pelo. Cogió sus cosas del suelo y se dispuso a salir mientras murmuraba algo rápidamente: "El aire cerrado provoca en mí este tipo de reacciones. Yo no soy así señor, lo prom..." Pero él le cortó: "Me alegro de que al fin hayas encontrado tu espíritu infantil, Srta. Domínguez, empezábamos a pensar que nunca maduraría". entró sonriendo en el ascensor, pero ella no se movía, no podía después de lo que acababa de oír. "¿Subes de nuevo, o sales de una vez, Sandra?".

Harta

[He vuelto a mis orígenes más originarios. Cuando escribía con esa rabia que me salía por los poros. Cuando sentía que lo que escribía tenía sentido. Cuando sentía que eran verdades como puños. Al fin con destinatario(s) claro(s). No creo que siga así mucho tiempo. sóolo ha sido un ataque de ira momentáneo. Así es como descargo yo mi furia... si todo el mundo fuera así, qué hermosas serían las guerras]



Harta de tanta sonrisa falsa por la calle que hace que mis esfuerzos por sonreír de una forma sincera no sean valorados como se merecen.

Harta de tanta niña inmadura que se pone tacones y se cree mayor. Todo lo que he luchado yo por adquirir mi madurez se va por el retrete con sus toallitas desmaquilladoras.
Harta de tanta palabrería que pretende encadilar. Después, cuando hablo yo, no se me toma en serio, se me considera "una más que dice lo mismo"; pero lo mío sale de dentro de verdad.
Harta de que en esta vida no importe si se hace daño a una persona o no. Así, a mí me cuesta el doble levantarme... pero me levanto.
Harta de tanta gente que no sabe controlar su rabia: rabia sin fundamento, mal enfocada. Cuando yo estoy rabiosa, rabiosa de verdad, he de aguantarme porque puedo ofender a alguien; muerdo una almohada, doy puñetazos a las paredes, chillo y lloro y pataleo cuanto quiero, pero jamás me veréis pagarla contra quien no tiene sentido pagarla, contra quien no se la merece.
Harta de tanto hartamiento, que no me deja dormir en paz por las noches y me apabulla con sueños extraños.


Harta de toda esa gente que se queja de sus problemas insulsos como si fueran los peores del mundo, y luego acusan de egoísta a todo aquél que no le escucha. Hoy mi problema son esas personas que no ven más allá de sus narices, que no reflexionan antes de pisar, y que pisan sin remordimientos. Que no sienten más que lo suyo y no sufren más que los demás sólo porque lo aseguren.
Hoy, me río en vuestra cara porque cuando tengáis un problema... cuando estéis agonizando de dolor porque algo os queme tanto por dentro... no lo soportaréis. Ahora os hacéis tanto las víctimas sin si quiera imaginaros que podéis llegar a tener un problema serio que cuando se os presente no tendréis a dónde ir, a dónde huir, a dónde llegar. A partir de ese momento (si es que hay más momentos), tal vez empecéis a daros cuenta de que no sois el puto ombligo del mundo.

martes, 15 de julio de 2008

Vida insanamente sana.

¿Cuántas personas? ¿En cuántos textos? ¿En cuántas reflexiones patéticamente profundas? Pienso en ese número, en esa cifra y me doy un poco de lástima. Lástima porque ahora voy a formar parte de ella; ahora seré uno de los tantos que han dicho en algún momento: "mi cama está vacía y yo no lo soporto". Ya está dicho.

Despertarse por la mañana y recordar que no recuerdas a nadie ni nada especial. Acostarte de madrugada y lamentarte por no poder dormirte imaginando cosas que te apetecería estar haciendo en esa cama en vez de dormir. Abrazarte a la almohada y que no haya ningún olor además del tuyo reposando en ella. Y todo después de haber estado todo el día viendo series donde el amor triunfa y el sexo abunda; después de leer declaraciones de amor que van mucho más allá de todo lo conocido.
Que te dé miedo sentarte a escribir por si, en un descuido, empiezas a escribir cosas sensibleras que digan que extrañas el no extrañar (y lo terminé haciendo). Que no te apetezca hacer otra cosa además de comer, y que pretendas olvidar cuál es el motivo. Y comerte broncas que piensas no merecer sin decir nada por el simple hecho de que no tienes valor a aceptar que sí las mereces, aunque no se aplique a lo que te lo están aplicando.

Los pensamientos van y vienen, como furtivos, sin permanecer mucho tiempo por miedo a ser pillados y tengan que quedarse, hasta que descubres que lo único que puedes pensar es "se acabó, aunque no puedo decir qué fue lo que acabó porque no sé qué hubo". Nunca lo preguntaste, y nunca lo peguntarás.

Y, joder, deseas sufrir amando. Deseas no ser fuerte. Deseas que las lágrimas se perdan en un charco en el suelo; pero no te atreves a llorar. No llorarás porque no lo mereces, porque es una tontería. Pero tú quieres suspirar. Sabes que eso sería difícil, sabe que quizá estarías aún peor... pero quieres ese sufrimiento para ti, porque crees que es lo más hermoso del mundo.

Joder. La mierda más hermosa del mundo... y tú no la tienes. Qué triste, ¿no? Aunque es mucho más triste esta declaración, esta carta sin destinatario, esto que escribo fruto del egoísmo, y fruto
del anhelo de esa vida insana que me gustaría tener y que no tengo.

martes, 8 de julio de 2008

¿Me concedes este baile?

En esta noche clara la música de una guitarra dolida me acompaña. Para variar, en esta noche de verano madrileño no me apetece dormir; me apetece escribir. Escribir sobre cosas hermosas, y si yo soy la protagonista de esas cosas, mejor que mejor.
La historia se repite, y yo estoy dentro de la espiral de nuevo. Esta vez, sin embargo, no siento que soy la única que no encuentra su sujección. Ahora siento que me da lo mismo, que incluso me gusta este espídico movimiento incesante. No puede ser tan malo, y hasta que encuentre mi poste me va a costar, al fin lo acabé entendiendo. Lo que poco a poco guardo en mi maleta no está mal: son bonitos (o no) recuerdos y sé que algunos no me hará falta sacarlos en mucho tiempo poque tendré algo mucho más firme que una simple fotografía o un collar de macarrones confeccionado entre risas. Tengo seguridad, por el momento. Quién sabe lo que se llevará o traerá esta ventisca... ¿Y a quién le importa?

Mi cigarro se consume y yo a penas le he dado dos caladas. Ya es hora de notar cómo la vida invade mi pecho con su humo, sin preocuparme de cómos o porqués.
Si se oye una canción triste desde los altavoces, podemos bailar intentando que el tiempo pase lo más deprisa posible hasta que se torne en una alegre. Si suena una canción antigua... recordemos los pasos que fallaron anteriormente y cambiemos justo ahí nuestra coreografía. Si lo que invade nuestros oídos es una melodía desconocida, descubramos delicadamente cada acorde para saber si hemos de movernos con lentitud y llorar, o si nuestros pies crearán polvo de lo rápido que se moverán mientras reímos a carcajadas.
Pero jamás, jamás debemos dejar de bailar.

lunes, 23 de junio de 2008

Mi no mundo.

[Va, va. Ahí está el segundo. Y de éste estoy más contenta. Qué bueno esto de seguir en paz con uno mismo]


Tumbada en mi cama imagino la historia
de lo que me gustaría que fuera mi vida.
No estoy descontenta con lo que ya es
y creo que eso ya es mucho,
pero ¿quién no ha imaginado lo que hay
en la otra esquina de su mundo?

Puedo contaros los no cuentos de amor
que en este lado se respiran,
y las fantásticas historias de sexo y dolor
que en aquel otro se suicidan
para no existir, para volar con el viento
y para dar paso a otros sentimientos.
Donde las niñas aún son niñas
y no intentan imitar a esas mujeres de infarto
que no arriesgan por miedo a quedarse en el asfalto.

El miedo es el gran veneno de esta sociedad.
Pero en la de mi no mundo, el miedo desapareció:
por miedo a ser abandonado, huyó hacia la soledad.
Y ahora ya nadie lo busca, ni si quiera lo encuentra.

Puta locura, ¿eh? Aún hay más:

En mi no mundo yo soy un poco más alta
y un poco menos tímida,
mis orgasmos más plenos
y mis sonrisas menos rígidas.
Allí desperdicio los versos que aquí callo
por no arriesgarme a perder (y aún así pierdo).
Mis versos allí suenan a cielo.
¿O es el cielo el que suena a mis versos?
Allí se me plantean preguntas
cuyas respuestas aquí visten velos.

Pero, ¿sabéis qué os digo? Que yo me quedo,
con mis miedos, mis simples orgasmos, mi estatura,
con mis tontas preguntas y mis estúpidos velos.
Que, aquí, tiene más sentido mi extraña sana locura.

domingo, 22 de junio de 2008

La perdí, por ti.

En algún momento entre la una de la madrugada y el sabor de tus piernas enredadas en las mías yo perdí la razón.
La luna decidió acompañarnos bañándonos con su blanquecino resplandor. Nos iluminaba lo suficiente para que pudiera perderme en tus susurros y nadar entre tus risas sin perder ni un detalle de nada de lo que pasaba. A medida que la noche avanzaba, a cada minuto yo me enamoraba un kilo más de ti.
A mí nunca me gustó el tabaco, ni su olor ni su sabor, pero he de reconocer que a ti te quedaba bien, que su sabor en tu boca mejoraba bastante. Tú, por lo que me dijiste, nunca habías aguantado a un chico a solas con su guitarra, pero cuando te canté aquel poema de desamor, tú lloraste enternecida y, aún enternecida, me pediste que te besara para que pudieras olvidar ese triste cantar que había salido de mis cuerdas.
Te dije que quería que tu olor fuera mi musa y cada mañana, al despertar sin ti a mi lado, descubría un tesoro en forma de pañuelo de tela que la noche anterior habías llevado en tu cuello, impregnado de tu fragancia, cada vez con un matiz distinto: culpabilidad, deseo, temor, sonrisas y lágrimas eran los que más frecuencia se repetían y a mí me volvía loco respirar ese perfume.

Construimos nuestro reino, donde no existían los amaneceres porque así la noche era más larga y yo podía disfrutar siempre de tu alegría sin despedidas. Desayunábamos canciones con un poco de mermelada. hice habilitar una habitación entera para tus pañuelos y otro para las fotografías que retrataban nuestros eternos recuerdos.
Domesticamos a nuestros monstruos internos e hicimos que se conocieran, se comprendieran y se amaran. Lloramos juntos de alegría, pero no todo fue feliz, también reímos de pura histeria. Yo pensé alguna vez en abandonar mis metáforas y tú pensaste en abandonarme a mí... y así lo hiciste, porque todo lo que te proponías lo llevabas a cabo. Te desintoxicaste de mí, de mis besos y de mi voz despertándote de madrugada. Saltaste el foso de nuestro propio castillo y saliste corriendo, o huyendo... eso ya nunca lo sabré.
Cuando me quise dar cuenta, sólo había un pañuelo más en mi cama con un olor que jamás antes había percibido: despedida. La luz de la mañana entraba por la ventana, y el elegante castillo se convirtió en calabaza, o en mi cuarto, que viene a ser lo mismo.

Y creo que te la llevaste... sí, mi razón. Tal vez se enredó en tu pelo... o a lo mejor simplemente la guardaste, como recuerdo o como trofeo... No lo sé. Yo ya no la encuentro, y puedes quedártela, porque no la quiero. Qué tontería, ni que tuviera otra opción... si no sé dónde has ido... ni si quiera sé qué nombre de ciudad debo introducir en mis próximas canciones de desamor cuando hable de ti, de tus manos, de tus labios, de tus curvas imperfectamente perfectas, de tus ojos dulces o de tus ojos juguetones, de tus sonrisas pícaras (de las burlonas no hablaré), de tu piel suave y ese lunar en aquel lugar al que ninguna otra persona le dedicó ni si quiera medio segundo de su tiempo y al que yo podría haberle dedicado más de media vida, de tus sonrisas, de tus pechos, de tu barbilla perfecta... de ti.

jueves, 19 de junio de 2008

Empezando a aceptar.

Tengo la mente en blanco. No sé qué escribir últimamente. Si voy en el autobús y saco mi cuaderno y mi lápiz e intento escribir, las palabras se quedan en mis dedos, no quieren ser acariciadas por el grafito, creo que le tienen miedo; y no es para menos. Saben, igual de bien que lo sé yo, que en cuanto salgan, será en forma de lágrima, el dolor no les permitirá salir de otro modo.
Llegados a este punto, incluso temo seguir escribiendo esto, que no es más que una aclaración de lo que le pasa a mis ganas de escribir, que son inmensas, pero están presas rodeadas de espinas encargadas de gritar que si se atreven a materializarse en letras, en palabras, en frases con sentido, no pasará nada más a parte de que una herida se abrirá. No creo que me convenga.

Me he pasado algunos días, después de comprobar que no soy capaz de escribir lo que deseo, leyendo otros blog's, otras páginas de gente como yo, que escribe, y que siente su vida en la escritura, que vuelca su vida en cada una de sus metáforas, en cada signo de puntuación. Y eso provoca en mí pavor: ¿por qué es capaz la gente de escribir lo que siente con tanta claridad? ¿por qué son capaces incluso de meterse en la piel de personajes totalmente inventados por ellos y que les salga tan bien la jugada que tienen a un montón de
ciberlectores enganchados? He llegado a pensar incluso que no sirvo para esto. No recuerdo cuándo empecé a escribir mis relatos, pero no recuerdo ningún momento en que lo haya dejado.

Empiezo a ver la solución... tendría que
dejar salir eso que me está consumiendo por dentro, dejar de ponerle excusas. aunque empiece a sangran, es más fácil sanar una hemorragia externa que una interna, y eso hace tiempo que lo sé.

sábado, 14 de junio de 2008

El Oscuro Pasajero.

-No quiero decir que tú no hayas pasado por cosas difíciles.
-Pero en ningún caso lograría entender lo que tú has vivido, ¿verdad? Yo nunca he podido sentir esa necesidad como miles de voces escondidas, susurándote: "así eres en realidad". Y luchas contra la presión, una creciente necesidad que te engulle como una ola. Pinchando, provocando y obligándote a alimentarla. Pero los susurros aumentan hasta convertirse en gritos y son la única voz que oyes... la única voz que quieres oír, y estás a merced de ella, de esa sombra de ti mismo, de ese...
-Oscuro pasajero.
-Sí, el Oscuro Pasajero.


[Dexter, 2x03]

jueves, 5 de junio de 2008

Para (no) ver.

[Lo he encontrado por ahí, buscando el principio de mi tema de Kant. Es lo que tiene no colocar los archivos y que tods estén revueltos. Rayada, I know.]


Para no ver, basta con cerrar los ojos. Haz la prueba: ciérralos, y verás, en sentido metafórico, claro, porque no verás absolutamente nada. Aunque eso es mucho decir... porque la nada es negra, ¿no? Bueno, nadie ha visto la nada, así que no sabemos cómo es. Y no, no me discutáis esto, porque si lo estás viendo, es que hay algo, y donde hay algo no puede estar la nada. Aunque, según este razonamiento, la nada no existe, si existiera, tendría que estar en algún sitio... pero si está en algún sitio ya es algo. Para los que se hayan perdido: algo es antónimo (es decir, contrario) de nada. P y no p es una contradicción, y una contradicción no se puede ni pensar; yo lo veo clarísimo. Bueno, ahora no, ahora veo esa nada falsa y negra porque tengo los ojos cerrados, era para hacer esa demostración de que las cosas no se ven si no ves nada. Aunque empiezo a pensar que es mentira eso, pues ya llevo media hora sin abrir los párpados y he descubierto que la nada no existe y eso es ver algo... en sentido metafórico, claro, porque yo no he visto la nada. La nada no se puede ver, porque no existe. No entiendo por qué tenemos un nombre para algo que no existe, ¿por qué alguien pensó en la ausencia de cosas si nunca va a llegar a comprobar si eso existe? Qué ganas de complicase la vida. Si piensas que puede haber un espacio de cosas nunca llegarás a averiguarlo, porque si tú lo estás observando, ya hay una cosa allí. Es como preguntar si un árbol suena cuando se cae y no hay nadie alrededor. ¿Cómo quiere alguien descubrir eso? Es una pregunta trampa. Lo veis todos, ¿no? Pues si no lo veis, cerrad los ojos, que no sabéis cómo ayuda a verlo todo mucho más claro.

lunes, 2 de junio de 2008

Las cosas cambian.

[Esto es el primer poema que me atrevo a enseñar... el único que he logrado terminar. No sé por qué se me hace tan difícil. No seáis muy duros juzgándolo, que es el primero.]

Las cosas cambian, cambian tanto
que empiezo a pensar que ya no pintaré
las nubes rosas en el techo de mi cuarto.

Mi alma sufre, se revuelve,
gime, grita, llora, muere
porque sabe que no habrá nadie
cuando el teléfono descuelgue.

Las cosas cambian, tantísimo
que ahora que necesito vomitar palabras,
en vez de llorarlas, las escribo.

Las cosas cambian, con tal rapidez,
que yo, que jamás antes he fumado,
exhalo el humo de las promesas rotas
terminando cigarrillos de diez en diez.

Y aquí me ves,
escribiendo en un cuaderno
que debería estar vacío,
llenándolo con desánimo
que ayer eran sueños míos.

Y es que las cosas cambian tanto
y este mundo gira tan deprisa
que yo me pregunto qué fue lo que pasó,
si todo aquello se lo llevó la prisa.

Miro y pienso:
"joder, esto no es tan malo"
pero sólo me viene la inspiración
cuando camino por el pasado,
por los sueños perdidos,
por los amores prohibidos.

¡Ay! Si hubiéramos pensado menos
y sentido más...
Pero para qué hablar,
si tú ya conoces todos esos cuentos.

Hoy te vengo a contar
que las cosas cambian,
pero que yo sigo siendo la misma:
que al hablar no calla,
que al escuchar comprende,
que te echará una mano
si tu cerebro prende.

Sólo tienes que pedirlo,
que ya sabes dónde estoy,
con un cuaderno en la mano
y miles de sonrisas para ti.

Porque las cosas cambian,
pero sólo algunas.


[PD: la historia de Merlina la seguiré más adelante, a semipetición de una persona. Y a petición completa de otra XD]

viernes, 30 de mayo de 2008

Merlina (Parte Primera).

[Para ti, aquí tienes una inventada.]

Mi nombre es Merlina. Ya sé que parece un pseudónimo, pero no lo es. Toda mi infancia han estado burlándose de mi nombre, aunque a mí no me importaba mucho, me divertía decirles a los niños que si no me dejaban en paz, conocerían el motivo de mi nombre viéndolo a través de ojos de sapo. Lo cierto es que a mis padres les gustaba el nombre, era una forma de decir que yo era cosa de magia, una especie de broma que guardaríamos nosotros tres para siempre, una especie de unión sagrada.
Cuando entré en la adolescencia, época de conocer gente y más gente, nunca decía mi nombre completo, me presentaba como Merli; me daba vergüenza dar a conocer mi nombre... hasta que la conocí.
Ella era pelirroja, fue lo primero que me llamó la atención de su singular figura. La piel, como la de todas las pelirrojas, era blanquecina salpicada con unas graciosas manchitas marrones. Su cuerpo, siempre lo pensé y lo pienso aún ahora, era demasiado pequeño para el corazón tan grande que tenía. Sus ojos verdes brillantes eran como dos pelotas de tennis en medio de su cara. Y sus manos, siempre llenas de anillos fabulosos que me dejaban fascinada, eran de largos y finos dedos hechos para tocar el piano, aunque no lo tocara por miedo, decía, a estropear alguna melodía ya famosa.
Han pasado 10 años (siete meses y doce días) desde que la conocí aquella noche, y aún me arrepiento de no haberle preguntado su nombre.

Nos vimos en ese bar del que no recuerdo más que la mesa de billar. Ella iba acompañada de una amiga mía y los treinta segundos que tardaron en llegar desde donde estaban ellas hasta donde estaba yo se ralentizaron extendiéndose hasta los dos minutos. Nos mirábamos a los ojos, yo a los suyos verdes danzarines, ella a los míos marrones y aburridos. La veía andar lentamente, moviéndose con una especial gracia que nada tenía que ver con los contoneos inventados para ligar. Pasaba una mano por su pelo, y fue cuando me fijé por primera vez en su pelo y en sus anillos: un gran anillo negro con una piedra azul adornaba su dedo anular, y en el pulgar un símbolo celta en plata. No podía dejar de mirarla, y ella me miraba igual a mí. Cuando por fin llegó al billar donde yo estaba me sonrió, y dijo:

-¡Eres muy morena!

Entonces fue cuando salí de mi ensimismamiento, analizando lo que me había dicho e intentando averiguar qué había querido decir. Me mire el brazo derecho y comprobé que mi piel seguía siendo casi tan blanca como la suya y me reí.

-¿Cómo?
-Sí, tu pelo: ¡es muy moreno!

Estaba perpleja. Cuando la vi me había parecido que esa era la chica sería la persona más interesante que me encontrara jamás, y ahora, que estaba frente a mí sólo era capaz de decirme que mi pelo era moreno. Miré a mi amiga, y ésta estaba doblada por la mitad, riéndose a carcajadas. Yo no entendía nada, ¿era una broma? Tal vez la chica estuviera borracha. Ella sonreía radiantemente, y no he vuelto a ver sonrisa igual. Se sentó al borde de mi querida mesa de billar, y seguía mirándome con los ojos muy abiertos, con sus dos pelotas de tennis fijas en mí. Yo me senté, como ella, en el filo de la mesa, sin apartar la mirada.

-¿Cómo te llamas? - me preguntó.
-Merli -contesté.
Ella negó con la cabeza enérgicamente.
-No, no, no, tu nombre de verdad.
-Ése es mi nombre de verdad.
-¿En serio? ¿Eres una auténtica Merlina?
Dio un salto bajándose de la mesa, parecía en éxtasis. Yo afirmé con la cabeza lentamente, empezaba a darme miedo. Miré hacia mi amiga, pero había desaparecido. A mi gesto, Ella me cogió una mano y tiró de mí hacia ella. Cuando mis pies tocaron suelo, Ella me cogió de la cintura y me separó de la mesa. Comenzó a dar vueltas alrededor de mí, muy despacio, como examinándome, sin perder nunca su sonrisa.
-Eeeeeeeeeh...
-¡Es verdad! ¡Eres una Merlina!
-Oye, no soy hechicera ni nada de eso, por si lo estás pensan...
Ella me lanzó una miada casi asesina, sus ojos amables ya no lo eran tanto.
-No estoy loca, ¿sabes? No creo en la magia. Esto no tiene nada que ver con la magia.
-Ah, ¿no? -ya no sabía qué decir. No tenía ni idea de qué iba aquello.
-¡Qué va! Verás, te lo explicaré...



[Si quieren que continúe, marquen el uno (o para el caso, dejen un comentario), si se la sopla profundamente, marquen el dos (o pasad de mí)

PD: si la continúo, le buscaré un nombre mejor, lo prometo]

martes, 27 de mayo de 2008

Ese jodido jardín morado. (No quiero)

Parece que no tiene ni puto sentido. Jajaja. Maldita mente mía de perturbada.... si es que cuando yo digo que no quiero...


Me repito una y otra vez que no quiero.
No quiero. No quiero. No quiero.
Pero tal vez sí quiera. ¿Quiero?

Tengo la sensación de andar descalza por un jardín morado. Jajaja, suena tan estúpido. Pero ésa es mi sensación, lo juro. Si cierro los ojos veo altos árboles al lado de árboles no tan altos, todos con sus frutos y flores , de diferentes tonos de color morado. Todos son morados... lilas, para ser más exactos. Me encantaría poder fotografíar ése lugar del rincón de mi alma. En ese sitio me siento bien. Si me da por tocar las flores que crecen a mis pies tocaré algó parecido al terciopelo, pero con un olor que llega hasta el fondo del alma.
El problema viene cuando abro los ojos. No soy capaz de oler esa aterciopellada sensación de bienestar... porque no existe al fin y al cabo. Entonces siento que me falta el aire, siento que no puedo respirar si no respiro ese aire.
Y es que me siento tan bien en aquel lugar que cuando no estoy allí deseo que esa magia me envuelva y me dé un gran achuchón.
Pero tengo tanto miedo... tanto, tanto miedo que cuando estoy en ese sitio, procuro no moverme mucho para que no se mueva la situación, la escena, el aroma. Y cuando regreso de esos mundos me doy cuenta de que he vuelto a irme de allí sin mi abrazo.

No quiero. No quiero. Tanto negarlo... ¿para qué? Suspiro por estar allí, aunque probablemente no sea lo mejor para mí. Pero es un campo tan precioso...

No quiero. No quiero. No quiero. No quiero. No quiero. No quiero.

Mierda, ya es tarde. No tengo nada que hacer. Joder. Yo no quería.

lunes, 26 de mayo de 2008

La realidad hecha relato.

Me gustaría poder hablar de la realidad. Escribir un libro real. En un derroche de imaginación lo llamaría "La Realidad". Pero, obviamente, no me refiero a una novela realista... ¿dónde estaría entonces la originalidad? No, no. Me refiero a una novela basada en lo que pasa día a día, y tampoco me refiero a una crítica social... Sé que tal vez no me explico con la claridad que es necesaria, lo intentaré de nuevo.

Me gustaría poder sentarme en un banco de una calle y escribir las cosas que pasan frente a mis narices. Tal vez la trama no sea muy buena (total, no habría continuidad, sólo sería un trozo de calle), pero quedarían reflejadas muchas cosas de la vida cotidiana.

A veces hago un ensayo de esto que estoy diciendo: me pongo a escuchar a la gente por la calle. El otro día, sin ir más lejos, escuché a una niña diciéndole a su padre: "papá, ¿y aquí hay lobos?" Pobre ilusa... acababa de cruzar una carretera de Madrid... ¿qué lobos iba a haber allí? El padre no sabía qué cara poner para no decepcionar a su hija.
¿Para qué necesitas más fantasía cuando tienes las palabras de una niña? ¿Para qué más ritmo si estás escuchando su tono de voz ilusionado?

A menudo nos paramos a buscar la belleza en lo más complicado: busca formas extravagantes, colores chillones, y composiciones imposibles. Y total, ¿para qué? La vida es la vida. La vida... es vida. No le busques un adjetivo a eso... símplemente vívela y ya habrás cumplido todo objetivo. disfruta de lo que tienes... de esas cosas que son tan pequeñas que ni si quieras las recuerdas a la hora de recordar... pero ¿sabes qué? Eso es lo bello: poder vivir sin pararte a pensar, sin pararte a recordar que tienes que acordarte de esto o de lo otro... Dentro de unos años, una imagen te asaltará la memoria, y recordarás todas esas tonterías de un tirón.
ay, lo que me gustaría poder destruir todos y cada uno de los relojes para que el concepto del tiempo no existiera. Hace no mucho me di cuenta de que cuando mejor me lo paso es cuando no tengo la necesidad de mirar la hora: se me olvida todo, disfruto de lo que estoy viviendo... y se me olvida que existe el tiempo, no recuerdo qué eran eso de los minutos, y le regalo a las horas alas apra que vayan veloces. Sólo soy consciente de que el tiempo existe cuando de pronto empiezo a notar mis músculos más pesados, mis párpados vagos, y mi voz cansada.

Qué bonito sería escribir un relato en el que no se notara el tiempo, en el que el color de los zapatos de la protagonista diera lo mismo, en el que ni si quiera la historia fuese lo importante. Un relato en el que desapareciera hasta el espacio, describiendo sólo las acciones. Cuánto nos reiríamos y lloraríamos, cuántas emociones seríamos capaz de albergar sin necesidad de inventar esas emociones.

sábado, 10 de mayo de 2008

Reflexiones a través de la lluvia.

Hoy llueve y yo sin cámara, joder. Esto es mala suerte... o según como se mire, porque si no fuera porque el objetivo de la cámara mira para donde no tiene que mirar, yo no estaría escribiendo. Tal vez la inspiración se fue de farra con la lluvia; por eso esa tan larga temporada sin ver a ninguna de las dos. Ahora que, paradójicamente, vuelven los días fríos de fuertes lluvias que empañan los cristales vuelve también la inspiración, paradójicamente, para desembotarme el cerebro.
Siempre me gustaron las tardes nubladas, el frío que hiela el alma y la lluvia que cala hasta los huesos. Siempre lo vi todo más claro cuando la ventana de mi cuarto estaba manchada con las gotas de agua. Siempre pensé que algunas personas deberían salir a la calle y cantar y bailar bajo la lluvia, dejando al lado el estrés y las preocupaciones, viviendo como no han vivido ni vivirán en su vida; dejando que el chaparrón purifique sus almas y la ventisca se lleve todo el peso que soportan innecesariamente. Pero también tuve siempre el suficiente sentido de la realidad como para saber que hay gente que jamás se atreverá a andar sin paraguas bajo las inofensivas gotas.
El libro, desde la mesa, me grita que le preste un poco de atención y yo, que soy más terca que él, le grito que me deje en paz: que no me apetece pensar en guerras civiles y en repúblicas que no cuajaron; que me apetece pensar en la república venidera, la que triunfará definitivamente; que me apetece seguir construyendo castillos en el aire. Así sonrío, aunque no sé hasta cuándo. Puta felicidad del tonto, pero felicidad al fin y al cabo.
Yo, como los delinqüentes, también veo Trabubus de vez en cuando. Pero los míos viven en la lluvia, y me susurran cosas, verdades; a veces son malos y me susurran alguna mentirijilla que yo acabo creyéndome. Claro, así luego las hostias que me meto son chiquititas... pero sin hostias, no hay aprendizaje y me encanta saber, conocer, poseer, admirar, dominar... follarme a las mentes. ¿Cómo iba a ser capaz de follarme a las mentes sin conocer sus trastornos? ¿Cómo iba a ser capaz de conocer los trastornos sin saber lo que causa dicho trastorno? ¿Y no es verdad que cuando sientes algo en tus propias carnes lo aprendes con mayor facilidad? No estoy diciendo que me guste llevarme golpes... pero a veces son necesarios; a veces, llega un momento en que tienes que dar gracias por todos los tropiezos que has sufrido en tu vida.

Miradme, es que ya no sé ni lo que digo... esto tiene que ser culpa de la lluvia.



[Lluvia en soledad, Celtas Cortos]
http://goear.com/listen.php?v=9f513df

miércoles, 7 de mayo de 2008

Para ti.

Sé que cuando leas esto sabrás que es para ti, porque no sé... últimamente siento que no puedo decírselo a otra persona.
Tengo cientos de cosas que agradecerte porque has aguantado muchas de mis tonterías, alguna borrachera, y todas mis risas. Joder, que desde que empezamos a hablar esto ha ido creciendo... y siento que no ha caído en ningún momento.
Me paro a pensar, me encanta pararme a pensar, y recuerdo miles de cosas, chiquititas, muy chiquititas todas ellas, que me han hecho feliz estando a tu lado, en mis altibajos y en mis altialtos. Que si nos reímos y no podemos seguir andando, pues nos sentamos, que para algo se hicieron los bordillos. Nunca me ha dolido tanto la tripa de reírme... ¿recuerdas el motivo? Yo tampoco, sólo recuerdo tu risa, y la mía, las dos juntas.
Que si hago algo mal, me lo dices, y no te enfadas, te defraudas. Y yo muero, como la primera vez que me lo dijiste: ni tiritas ni pollas, directamente sin un poquito de azúcar ni nada. Y no sabes cómo te agradecí aquello.
Que desde hace mucho tiempo no soy capaz de no decirte nada. Que si se me pasa una tontería por esta cabeza en la que guardo un huracán, pues te lo suelto. Y con eso nos reímos, o lloramos, pero juntas, ¿eh?.
Qué de veces hemos dicho "vamos a hacer fotografías" y qué de veces hemos terminando haciendo cualquier gilipollez que nada tenía que ver con la fotografía. Y cuántas veces hemos dicho: ¡vamos a beber un rato! y hemos terminado con 60 ó 70 fotos de una sola vez... con idas de olla de las nuestras. (Huevitooooooooooooo)
Que si te digo que me apetece un donut, pues me acompañas hasta el final del mundo a por uno (o hasta Callao, que viene a ser lo mismo) Y terminamos tiradas en un césped, cotilleando, y diciendo lo mala que es la gente.

¿Recuerdas? Hace algún tiempo te dije: eres mi abrazo. Y no se lo he vuelto a decir a nadie más. Porque no podría tener otro abrazo que no fueras tú, porque los abrazos.... los abrazos son lo más verdadero que hay en este puto y miserable mundo.

Te debo muchas cosas... pero lo único que me reclamas una y otra vez es esa tarde junto a ti bajo la lluvia. Y te la daré, como te di el póster de Kill Bill al fin... sólo tienes que esperar.

Y prepárate, porque el viernes 16 es nuestro. Y no me hace falta nada más que tú y nuestros banquitos en Calesas. Oye, que si lo unimos a un par de calimochos en mano... eso será el paraíso. Que nos tendrán envidia hasta los perros que por allí pasen, porque van a oír nuestras risas y van a lamentar no ser humanos para poder imitarnos.

Y que, coño, la que he liado, con lo sencillo que es decir: TeQuiero.


[Quería hacerlo por el Fotolog, con una foto nuestra, pero... no me deja, así que por aquí]

martes, 6 de mayo de 2008

Llega un momento en que dices: "a la mierda, estoy hasta la polla de todo". Joder, párate a pensar un rato. ¿Qué pasa? ¿No puedes? ¿No sabes? ¿Estás encadenado? Tus cadenas... ¡ja! de tus cadenas me río yo. Esas cadenas te las impones tú mismo, con esa mierda del convencionalismo... "No puedo hacer esto" lloras un día. "Soy incapaz de hacer esto otro" gimoteas al día siguiente. ¿No te das cuenta de que así lo que haces es apretar los grilletes? Tú, tú y nadie más que tú tienes la llave de tu propia libertad. Por favor, no lamentes más algo que no debes lamentar. Estamos condenados a ser libres. Libres como gilipollas en este mundo desaliñado. Acepta tu responsabilidad: si has elegido un camino, síguelo o abandónalo si lo prefieres; pero no vengas a mí a llenarme la cabeza con tus insulsos problemas, con tus banales preocupaciones... ¡eh! ¿Sabes que en el tercer mundo muere gente día a día y nadie hace nada para remediarlo? ¿Sabes que cuando tú te deprimes porque tienes tomate frito y no ketchup otra persona está comiendo las sobras de la basura que tiras?
Venga, tío, ponte en pie. No seas patético, que esto no es para tanto. La vida consiste en vivir: sólo eso. La vida consiste en elegir cómo vivir. No dejes que agarren tu muñeca y te dirijan hacia donde no quieres, ¿o es que acaso quieres ser como ellos? No, claro que no quieres, pero lo eres. sonríes a esas cosas que odias por seguir ahí. ¿Sabes el significado de la palabra "orgullo"? ¿sabes qué quiere decir "tener principios"?. Si lo sabes, estás haciéndote el loco, prefieres no estar solo... siento defraudarte: estás en este mundo sin nadie más, ni si quiera te tienes a ti mismo, tu yo te ha abandonado porque le daba vergüenza quedarse contigo, observando algo que sabe que no es. Tu alma ha muerto, y tú sigues ahí, sin intentar reanimarla.
¡Eh, despierta, que te estoy hablando a ti! estás haciendo como siempre: huyes. Te tapas las orejas con ambas manos, agachas la cabeza y andas a paso rápido hacia la puerta de la falsa seguridad; cuando te pregunten, sólo tienes que decir que era un loco más, que se le había ido la pinza, que quería agregarte a su secta... ya ni si quiera recuerdas que tú antes eras así, ¿no? Ya ni si quieras recuerdas lo que es sonreír sin miedo a ser descubierto.

Sigue así, yo tengo la conciencia tranquila, yo río a carcajadas, y me importa una mierda lo que digan de mi risa. ¿Y qué si es estruendosa? ¿Y qué más me da a mí que a ellos les parezca que por lo que me río es una gilipollez? Yo SÍ soy feliz... ¿qué me puedes contar tú sobre la felicidad? ¿Qué me puedes contar tú sobre TU felicidad?

martes, 22 de abril de 2008

Desgarro.

Éstas son las gilipolleces que uno escribe cuando está jodidamente triste y que se atreve a enseñar cuando uno las ha medio superado:

No sé si aún me dura la borrachera del viernes o es que la vida real se retuerce por momentos, gira sobre sí misma quedando lo que era sonrisa feliz, triste llanto.
Ahora camino por la sombra, de la mano de un recuerdo, que hace que rememore la vida, que quiere que sienta el viento.
Pero sólo soy capaz de ver el cielo en el charco que ha formado mi alma con su lluvia.

domingo, 13 de abril de 2008

Tiempo

Seguramente habréis oído alguna vez ese dicho tan famoso el tiempo todo lo cura.

Bien, yo no lo sé. No lo vengo a discutir, porque yo no tengo reloj, y nunca usé uno por lo que no soy la más indicada para discutir esos temas. Lo que si que creo con firmeza es que los relojes son como los griletes que se les ponen a los presos. Conocí a un tipo muy interesante en una estación de tren, iba descalzo y llevaba un sombrero de copa raído, me dijo que las horas eran algo tan arbitrario... me lo dijo con un brillo muy especial en la mirada, y un tufillo particular en el aliento. La gente se apartaba de él, pero yo me senté a su lado, a escuchar las historias que tenía que contar. Me confesó muchas batallas, batallas físicas y batallas del alma. Y escuché entera su teoría acerca el tiempo, aunque ahora, mi mala memoria no me permita reproducirla... es una verdadera pena, ilustraría muy bien lo que quiero decir.

Lo que sí recuerdo con todo detalle es que el tiempo, más que actuar como medicina, en él había hecho muchos destrozos, las profundas arrugas de su frente y el cano color de su barba así lo atestiguaban. Cosas maravillosas le habían pasado durante su larga vida que le habían otorgado el halo de sabiduría que ahora le rodeaba, y el tiempo todo le había arrebatado. Él negaba enérgicamente cuando yo le hacía esa apreciación, y me decía, con la voz cascada, que el tiempo le había devuelto su juventud. Yo reía, no le entendía, empezaba a pensar, como el resto, que estaba borracho, tal vez loco. Pero él insistía: el tiempo no le había quitado nada, él mismo lo había dejado atrás, el tiempo sólo le había puesto en el lugar que merecía por haber hecho caso omiso a lo que un día tuvo; se lamentaba porque no se dio cuenta antes, pero se alegraba por haber acabado así: sin nada, tenía la vida que le quedaba para volver a empezar, y por eso era joven. Yo ya no me reía, le miraba con los ojos desorbitados, pensando en cada palabra que me había dicho y pensando que no estaba tan loco al fin y al cabo; ya no sabía qué pensar, ni del tiempo, ni del viejo, ni de nada.

El hombre se levantó de nuestro asiento, y me dejó allí, pensando en sus palabras, y sin un tren que coger... pues se me había pasado la hora de subir a él, y yo ni me había percatado.

Curioso esto del tiempo, tan subjetivo...