miércoles, 8 de octubre de 2008

Nexos copulativos y una pregunta trascendental.

Y hacerse un disfraz con jirones de un pasado que ya no me pertenece. Y pensar que en realidad no me importa, y llorar por dentro mostrando una sonirsa un tanto amarga que nadie discierne de las de verdad. Y sentarme en la cama a ver cómo pasa el tiempo burlándose de mí y de ti. Y mirar al techo y saber que no me importa. Y sentirte más cerca que nunca y tener la seguridad de que es la mentira más gorda que jamás he contado a nadie; y es irónico que sea precisamente a mí misma a quien engaño.

Y optar por dormir sabiendo que mañana será otro día, mucho más bonito que hoy, en el que los pajaritos volverán a cantar, tú volverás a reír y yo volveré a ser yo.

Y querer y amar y desear y anhelar y que todo sea como antes, antes de que te conociera, pero conociéndote.

Y que nada de esto tenga sentido en el mundo práctico y que aún así me importe un bledo.


¿Qué es un bledo?

sábado, 4 de octubre de 2008

Es todo por hoy.

Creo que ya lo he dicho alguna vez, pero envidio a aquellos a los que los versos les fluyen por todo el cuerpo, yo no soy así. A mí me fluyen los pensamientos, a todas horas, pero qué genial sería poder expresarlos de otra manera que fuera no esta prosa aburrida que emana de mí. Escuchar a rockeros con letras de plata, a raperos con esa poesía tan urbana y humana, leer poemas de almas nóveles bohemias y optimistas y pensar que llegarán lejos con sus palabras. Yo sé que jamás seré capaz de eso, conozco mis limitaciones, y me abruman; pero qué se le va a hacer, yo soy ésta y a mí me sale esto. A algunos les gustará y a otros no, yo no puedo (ni quiero) cabiar impresiones, no sé más que mostrarme tal cual soy: un poco estúpida a veces; muy insegura siempre, sobre todo con lo que a mí se refiere.

Creo que tengo insomnio, y no, no me gusta, siempre creí que eso debía de ser algo guay, pero no lo es. Demasiado tiempo despierta da tiempo a darle vueltas a la cabeza, a asegurarme mi inseguridad. ¿Poca autoestima? No lo creo, no me gusta la gente que se subestima, y yo me gusto a mí misma, así que... dos más dos cuatro, pero sólo a veces. Otras veces dos más dos no tiene solución, otras, dos más dos es algo tan complejo que prefiero no pensar en su resultado. Huyo de ello, porque también soy un poco cobarde. Y eso no me gusta tanto; de hecho, creo que es lo que más odio de mí misma, pero sigue formando parte de un todo, y yo no soy nadie para desequilibrar un todo. Negativo, positivo... ¿qué sentido tendría el uno sin el otro? El mismo que la muerte sin la vida. Una palabra tiene sentido siempre que tenga un antónimo y eso es lo mismo que ocurre con las actuaciones, con la personalidad, con todo.

Todo. Todo. Todo. Maldita palabra.

Esto no es nada, pero es todo lo que puedo ofrecer. Esto es todo.

miércoles, 1 de octubre de 2008

De lo eclarecedor de la agonía y lo hiriente de la alegría.

Me apetece escribir algo alegre por la gente que se preocupa por mí, por mi intermitente tristeza, y por mí misma.

Siento que ya no me salgan cosas de esas que te hacen llorar de felicidad por recordar buenos momentos, el tiempo maltrata el pensamiento, y eso que no soy vieja.

Quiero descrubrir, redescubrir, redescubrirme. Ya es hora y, modestia aparte, me lo merezco.

Sentir que tengo el mundo bajo mis pies es una de las sensaciones que más se repiten, junto con la sensación de soledad, en mi cabeza. Ese increíble poder de invencibilidad, de autosuperación, de autocrítica constructiva, de saber que se pueden volver a contruir las cosas que se tiran.

Soy una persona optimista, de verdad que sí, pero alguien dijo alguna vez que es más fácil escribir cuando las emociones desbordan el alma, y eso suele ocurrir cuando nos sentimos abatidos. Somos así de egocéntricos, de estúpidos, de ignorantes: no sabemos apreciar lo bueno, sólo le damos importancia a lo malo, o, al menos, se la damos con más fuerza. Vemos más claramente cuando algo nos duele que cuando estamos agusto con una situación. Tontería, pretensión, prepotencia. Sólo nos duele lo nuestro, no somos capaces de ver lo afortunados que somos... hasta que es demasiado tarde.
Las cosas las apreciamos cuando ya no están. Cuando nos damos cuenta de que se han ido para siempre lloramos por ellas, y eso es lo que hace que parezca que suceden más cosas malas en el mundo en proporción con las buenas. En el fondo yo no lo creo, yo pienso que un amanecer es algo maravilloso, algo más intenso que una dolorosa despedida, pero yo también soy humana, así que me doy cuenta de ello cuando es demasiado tarde, cuando la noche se cierne sobre mí.

Y el pasar tiempo contigo me hace darme cuanta de esas cosas buenas, casi insignificantes para muchas personas, porque hasta lo más mínimo alegre se intensifica, y lo más triste desaparece. Y de esto también me di cuenta cuando ya fue demasiado tarde; qué suerte tener una segunda oportunidad y querer aprovecharla al máximo. Gracias por preocuparte por mí, ya ves que estoy todo lo bien qe se puede estar; y si tengo días tristes es porque a veces la oscuridad gana al rayo de luz y no puedo evitar ver los colores en blanco y negro y no sacarle ningún partido a ello; pero en general, lo veo a todo color.

De nuevo, gracias.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Big Girls Don't Cry.

Las palabras me queman la garganta, el estómago, el apetito y las ganas; pero no soy capaz de averiguar cuál es su significado, no puedo ordenarlas en mi conciencia. Luz, oscuridad, soledad, agobio, ansiedad, impotencia, fogonazo, claridad, reputación... apariencia.
Noto una lágrima deseosa de escapar, pero la apreso en la mirada por miedo a que me corra el rimel. Apariencia ante todo.

Un día de estos saldré a la calle luciendo maquillaje por ropa interior, seguridad como zapatos, dolor como pantalones, como camiseta un combinado de hastío y como capa una verdad absoluta. Entonces no habrá ni una migaja de piedad.

martes, 9 de septiembre de 2008

Para ti. Y sólo para Ti.

Podría ponerme a intentar escrbir versos a diestro y siniestro, como si estuviese indignada con el mundo, como si la vida fuera una mierda. Podría escribir los versos más tristes esta noche, que diría Neruda, pero me niego a ello. No quiero. No estoy indignada con nada ni nadie más que tú. Tú eres mi indignación, mi maldita espina, mi horrible dolor, mi palabra atragantada, mi muslo herido de bala, que no mata instantáneamente, desangra poco a poco, provocando sufrimiento.

La sonrisa ha ido desapareciendo, gracias a ti. Por supuesto, cuando estoy con gente, cuando tengo distracción, eres igual que un dolor de cabeza: lo olvido, y sólo molesta si alguien calla o lo recuerda. Pero sé disimularlo, lo puedo aguantar. Sin embargo, cuando el silencio lo inunda todo, mis pensamientos echan a volar hasta encontrarse de frente con tu maldito recuerdo. Y no hay asprina que valga, ni sueño que amortigüe, porque hasta en mi más profundo subconsciente te cuelas, con una sonrisa brillante y una frase preciosa.

No, no lo superé. No sé superarlo, porque nunca fuiste malo conmigo, hasta el último momento, al desaparecer. Pero ni con esas, ni si quiera tuviste el suficiente valor como para presentarte ante mí y despedirte como Buda exige: me dijiste un "hasta luego", con tintes de "nunca más volveremos a vernos". Y así me dejaste, como si pudieras dejar un post-it colocado en algún sitio de tu voz que me dijera suavemente: "Hasta nunca" mientras tú susurrabas "ya nos veremos".

No quiero preguntarme qué pasó, pero ya ves que lo hago. Claro que lo hago. Soy una persona compleja, ¿lo recuerdas? Yo sí, a la perfección. Recuerdo las caminatas a la luz de unas farolas mal puestas, las conversaciones filosóficas sobre todo y nada, mis teorías y tus idealismos. Lo recuerdo todo, ¿tu lo has olvidado? Una maldita mente compleja, a medida de la tuya, o eso pensaba yo. Pero por lo visto, mi pensamiento complejo es sólo del primer nivel, frente al tuyo que es del último, por eso jamás lograré entender esto, ni entenderte.

Y ojalá lo leas. Y ojalá te duela. Y ojalá lo sientas todo de golpe, como lo sentí yo, negándome a aceptarlo, pensando "no pasa nada", hasta que pasó y no pude obviarlo. Y ojalá te des cuenta de lo asquerosamente cobarde que has sido y de lo asquerosamente parecido a todas esas cosas que odias, a toda esa falsedad, a todo ese veneno de esta maldita sociedad que tú y yo un día, bajo unas nubes bailarinas, sentenciamos de locura, diseñando nuestro plan de educación perfecto, y nuestra jerarquía inexistente. ¿De verdad que lo olvidaste todo tan rápido?

De verad: ojalá se te claven estas palabras hasta el fondo de tu alma, con el justo veneno que las impregna.

martes, 26 de agosto de 2008

Personas especiales.

Qué triste es esperar días supuestamente felices para confirmar una realidad que sabías que estaba ahí. Triste y, al fin y al cabo, reconfortante, porque te demuestra que no estás loca y que no te entran paranoias espontáneas de vez en cuando.
Y aún así soy feliz, así que no me llaméis pesimista.

Hola, me llamo Patricia y soy una soñadora que vive en el mundo real.

viernes, 15 de agosto de 2008

Pensamientos en una fría mañana de agosto.

Acompañada por un perro con más suerte que yo, que huye de su ama, libre, cuando ésta a gritos le llama: "Lucky, a casa". Él no hace caso, se escuda en su identidad canina, no tiene por qué entender lo que le dicen. Ya me gustaría a mí... y es que, a pesar de ser muy perra, no me puedo hacer la sorda cuando gritan mi nombre a voz viva.
Intoxicada por el humo de mis pensamientos, que no me coloca si no en el sitio que debo estar. 'Deber', qué palabra más fea y tonta. Yo debo ¿qué? No le debo nada a nadie, nunca me gustó ser una morosa; ni si quiera me debo nada a mí misma: hago lo que puedo por no sentir este peso, es lo único que hago a mi favor. Y es que soy una poeta frustrada, engañada por el ideal "si quieres puedes", pero yo veo cómo los versos pasean ante mí, y yo con las manos de la memoria llenas de grasa: esos versos se me escapan.


Y aquí, mientras, yo sentada ya abandonada por Lucky y por su ama. Y así, como cada día, disfruto de este silencio en el que me encuentro sumida. Y no hay nada más aterrador que preguntar y encontrar un vacío como respuesta; o un gesto como pregunta y no saber qué contestar.
Pero no voy a llorar porque ya sabía que esto iba a pasar... de largo, como los trenes, hacia la estación de "nunca volverá". Qué rayada y sólo son las nueve (las diez como mucho) de la mañana; que si fuera por la tarde, yo estaría incluso alegre porque allí, en el mundo de los sueños, nunca jamás llueve; pero en la azotea de mi mente no paran de aparecer goteras, a cuentagotas... eso agota, ¿sabes?

Pero que te voy a contar si tú, como yo, lo entiendes. A base de bastonazos a las ilusiones y de abrazos inexistentes, hemos aprendido que no somos tan diferentes y que el secreto, no tan oculto, es pasar de la gente. Gente ruin, sin llantos, con sonrisas, sin sombras... sí, ya, esta vida no es tan fácil, seguro que algo tienen. Aunque la vida es sólo eso: vida, ni fácil ni difícil, ni bonita ni placentera. Lo hermoso es vivir, 20 años como pocos, o 70 como cualquiera; que lo importante aquí no es la cantidad, sino la calidad, y mucho más la intensidad.
¿Que con 18 años no te drogas, ni amas la música, ni si quiera follas? ¿Que no te comprometes por nada porque no quieres morir? Tío, deja de intentarlo, que ya estás muerto. Pínchate y compruébalo: no vas a ver sangre, como sangre vi yo salir de mis entrañas cuando arriesgué y perdí, y como sangro yo cuando la música termina. Y aquí estoy, en pie sobre una sola pierna, haciendo equilibrios y sonriendo con la fuerza que me queda. Cuando me llegue el momento de desaparecer, seguramente mi último pensamiento sea: "he sido feliz en este mundo de mierda y ahora me voy, que el infierno me espera".
Y es que si he conseguido superar una infancia de la que apenas guardo recuerdos (los quemé a la luz de unas velas, para no tener motivos de pelea); si he superado personas indeseables, personas buenas que tornaron en malas y personas, a secas; si he conseguido sobrevivir a personas de mentes cuadradas con bates redondos que no entienden de palabras, que no entienden nada; si he conseguido superar decepciones de sociedades calladas y esclavizadas sin grilletes a las que traté de remover por dentro, sólo por joder, por dar a entender lo que pienso y siento. Si he conseguido todo eso, ya sólo me queda esperar a morir sola, porque así se muere: con uno mismo. Pero no me llaméis pesimista, escuchadme hasta el final: uno no es sólo uno. Uno es con quien se cruza por la calle y le enseña lecciones, sin conocerse. Uno es todo por lo que se ha interesado, ha defendido y arriesgado. Uno, en su soledad, es mucho más que 20 que intentas ser uno.

Si eliges bien tus pasos y te paras a pensarlo, me darás la razón... algún día.